En este último capítulo dedicado a la Virgen, está “resumida” la ciencia de los santos, por así decirlo. Confío en Dios y espero, que una sola frase, o hecho referente a la bienaventurada “Madre de Dios”, nos llene de gozo e inflame de amor y ardiente celo por la gloria de su Hijo.
ABANDONO:
“Quien se abandona a María, queda confortado en todos sus afanes, aliviado en toda su pena y tribulación y vence todas las tentaciones”. (Santa María Magdalena de Pazzis)
ABOGADA:
“Que puede faltar al hombre que tiene a María por omnipotente abogada ante el Dios omnipotente”. (San Lorenzo)
“Te saludamos agradecidos, porque, causas que Tú defiendes como Abogada, son causas que se pueden dar ya por ganadas”. (Ricardo de San Lorenzo)
ACCIÓN DE GRACIAS:
“¡Oh Virgen y Señora Madre de Dios! Tú ciertamente, no cesas de mirarnos como Madre; pero, como amante de los hijos. Siempre inclinada al amor, nos repartes tus dones, salvándonos, defendiéndonos siempre... Nosotros te damos gracias por ellos, pregonamos tus mercedes, no guardamos en secreto tus beneficios, cantamos en voz alta tus maravillas, alabamos tu solicitud, elogiamos tu providencia, celebramos en himnos tu amparo, recomendamos tu misericordia, y en cuanto a lo pasado, recordando tus inmensas dádivas y los muchos peligros de que nos libraste, te ofrecemos, como debido, este cántico de gracias, que de ningún modo igualará a tus beneficios”. (San Efrén)
ADMIRABLE:
“¿Quién no se llenará de admiración ante ti? Tú eres firme protección, refugio seguro, intercesión vigilante, salvación perenne, auxilio indeficiente, socorro inmutable, sólida muralla, tesoro de delicias, paraíso irreprensible, fortaleza inexpugnable (2 S 22,2), trinchera protegida, fuerte torre de defensa, puerto de refugio en la tempestad, sosiego para los que están agitados, garantía de perdón (Hb 7, 22) para los pecadores, confianza de los desesperados, reconciliación de los enemistados, ayuda para los que han sido condenados, bendición (Ef 1,3) de quienes han sufrido una maldición, rocío para la aridez del alma, gota de agua para la yerba marchita, pues según está escrito, por medio de ti “nuestros huesos florecerán como un prado (Is 16, 14)”. (San Germán de Constantinopla)
AGONÍA:
Cuando le anuncian a San Juan de Ávila que está próxima su muerte, dice mirando a una imagen de Nuestra Señora: “Acuérdate; Virgen Madre, estando delante de Dios, de interceder por mí al Señor”.
Narran sus biógrafos que Santa Teresa del Niño Jesús “poco antes de morir abre los ojos y los fija con brillante expresión de paz celestial y de indecible felicidad, un poco más arriba de la imagen de María”.
Santa María Goretti, mártir de su pureza, herida de muerte por su rechazado pretendiente dice: “Llevadme a la cama, porque quiero estar más cerca de Nuestra Señora”. Recibe la medalla de Hija de María, la besa sonriente y muere con los ojos fijos en un cuadro de la Virgen, mientras repite varias veces con plena lucidez: “Nuestra Señora me espera, Nuestra Señora me espera”.
“El moribundo que tiene a su favor la intercesión de María, podrá decir la frase del Salmo 22: “Aunque camine por valles oscuros no temeré, porque tú vas conmigo” (San Alfonso María de Ligorio)
San Pedro Damián a la hora de su muerte dijo a los que estaban allí presentes: “Por favor: levántense. Arrodíllense ante Nuestra Señora”. Y luego exclamó: “Oh, que admirable bondad, Reina del Cielo; que te hayas dignado venir a visitar a este pobre servidor tuyo. No permitas que me condene, después de haberme honrado con tu presencia”. Poco después murió dulcemente.
San Juan de Dios, había pedido mucho a la Virgen que le visite en la hora de la muerte. Llegado el último trance, esperaba la deseada visita; mas como ésta se demorase, empezó a quejarse amorosamente a María, la cual enseguida, entonces se le apareció y le dijo: ¿Por qué te afliges, hijo mío? ¿No sabes que Yo no abandono a mis devotos en la hora de la muerte?”. El Santo sonrió y luego expiró dulcemente.
El célebre teólogo Alfonso Salmerón († 1585), refiriéndose a la Virgen, al morir pronunció: “¡Feliz el tiempo que te he servido!”.
San Pompilio, († 1766) famoso educador y predicador, nacido en Italia, fue muy devoto de la Virgen María. Al morir exclamó: “Oh la Madre preciosa. La Mamá linda viene a llevarme”.
San José de Calasanz[1], estando en cama gravemente enfermo pocos días antes de su muerte dijo a los sacerdotes que lo rodeaban: “Sí, la Virgen me lo ha dicho, que esté contento y no dude de nada”. En la hora de su muerte, rodeado de su comunidad les dijo: “Y en cuanto a todos ustedes y en cuanto a la Orden misma, permanezcan unidos, porque la Virgen Santísima me ha prometido esta noche que les ayudará. Séanle todos muy devotos. Escriba a todos de mi parte que sean muy devotos de la Virgen y que le recen cotidianamente el Santo Rosario y que ella los librará de todo”. Una de las últimas frases de San José de Calasanz antes de morir fue: “Conviene que recemos mucho el rosario, porque el meditar en la vida, pasión y glorificación de Jesús nos hace un gran bien”.
San Juan de la Cruz, antes de morir, al escuchar la campana que tocaba a Maitines, dijo: “Yo también, por la bondad de Dios, los iré a decir con la Virgen en el cielo”. Dirigiéndose luego a la Señora, le dijo: “Gracias os doy, Reina y Señora mía, por este favor que me dispensáis queriendo que salga de esta vida en sábado, que es vuestro día”.
Las últimas palabras de Santa Bernardita antes de expirar fueron: “¡La he visto, la he visto!... ¡Oh cuan hermosa era! ¡Que prisa tengo por volver a verla!...” Después de un rato, una hermana religiosa que estaba junto a ella, comenzó a rezar el Avemaría. Cuando llegó a Santa María Madre de Dios..., la santa continuó: “¡Ruega por mí... pobre pecadora... pobre pecadora!”, y murió.
Las últimas palabras de María Teresa González Quevedo antes de expirar fueron: “Madre mía, ven a recibirme y llévame contigo al cielo”.
Un día antes de morir, le preguntan a San Juan Berchmans. ¿Cuál ha sido el principio fundamental de su vida espiritual? Responde: “Amar a la Santísima Virgen, Madre de Dios, María”. Ya moribundo, su director espiritual le pregunta: ¿Cuál es el secreto para que la Sma. Virgen te haya favorecido tanto? Y él responde: “El secreto es ofrecerle cada día algún homenaje, aunque sea pequeño pero no dejar ningún día sin hacerlo”. Murió con el rosario en sus manos después de rezar las letanías de la Virgen. Sus últimas palabras fueron: «Jesús y María».
La Virgen cumplió el deseo que tuvo San Stanislao de Kostka, el 10 de agosto de 1568 (cuando comulgaba le pidió ir al cielo para celebrar con Ella la fiesta de la Asunción). En la víspera, en la noche anterior a la Fiesta de la Asunción, empezó a sentirse indispuesto. Ya en la madrugada después de mirar una estampa de la Virgen, habla con Ella que ha ido a consolarlo: “María -dijo al Padre que estaba a su cabecera- ha llegado por mí con un cortejo de Vírgenes, para llevarme consigo”. Tenía tan solo 17 años cuando murió.
El día sábado 14 de mayo de 1881, Santa María Mazzarello, antes de expirar, pronunció estas últimas palabras: “¿Quién se ha visto confundido después de haber puesto en María su confianza? ¡Mañana empieza la novena de María Auxiliadora! ¡Alma mía, canta las alabanzas de tu Madre Celestial unidas a la Pasión del Salvador!”. Luego se puso a entonar: “Quien ama a María, dichosa será”. Y alzando lentamente la mano como despidiéndose dijo: “¡Adiós!, ¡Adiós!, ¡Hasta pronto en el cielo!”.
San José Benito Cottolengo, fundador de la “Pequeña Casa de la Divina Providencia”, obra dedicada a los enfermos, cuya gracia le atribuyó a la Virgen, antes de morir exclamó extasiado “¡Madre mía, María! ¡Madre mía, María!”.
San José Oriol pidió en su agonía que canten el Stabat Mater.
San Félix de Cantalicio († 1587), tuvo una gran devoción a la Virgen María, antes de morir, exclamó lleno de alegría: “Veo a mi Madre, la Virgen María, que viene rodeada de ángeles a llevarme”.
San Brocardo, segundo general latino de la Orden del Carmen después del San Bertoldo, cuando agonizaba dirigió a los religiosos que rodeaban su lecho, este bellísimo testamento espiritual: “Hijos míos, Dios nos llamó a la Sagrada Orden del Carmelo y nos puso en el número de sus fidelísimos ermitaños. A más de esto sin nosotros merecerlo, nos honró con el singular y glorioso título de Hermanos de la Virgen María. Cuidad de que después de mi muerte no se halle entre vosotros este nombre falsamente poseído; antes procurad que todo el mundo conozca que el nombre responde a vuestros méritos. Por lo tanto, perseverad constantemente en el bien, aborreced las riquezas, menospreciad el mundo y ajustad vuestra vida a la vida ejemplar de la Bienaventurada Virgen María y de nuestro fundador, el santo Profeta Elías”.
“Dentro de dos días estaré en el seno de mis Tres. Soy del todo feliz por todo lo que se me ha dicho. (Sal 122, 1) Es la Virgen, este ser todo luz, todo pureza con la pureza de Dios, quien me tomará por la mano para introducirme en el cielo, en aquel cielo tan esplendente”. (Beata Sor Isabel de la SS. Trinidad)
El 21 de diciembre de 1597, en Friburgo-Suiza, San Pedro Canisio, luego de rezar el rosario exclamó antes de partir al cielo: ¡Vedla; ahí está. Ahí está!
La última voluntad de San Pío de Píetrelcina antes de expirar fue: “Amad a la Madonna y haced que la amen”.
ALABANZA:
San Pedro de Alcántara, escribió un tratado sobre la oración. En uno de sus capítulos se dirige a la Virgen con esta alabanza que al final se torna en súplica: “¡Oh María, María, María, Virgen Santísima, Madre de Dios, Reina del cielo, Señora del mundo, Sagrario del Espíritu Santo, Lirio de pureza, Rosa de paciencia, Paraíso de deleites, Espejo de Castidad, Dechado de inocencia! Ruega por este pobre desterrado y peregrino, y parte con él de las sobras de tu abundantísima caridad”.
“Llena de gracia...totalmente pura e inmaculada, sin mancha ni impureza, dignísima de toda alabanza, toda limpia y bienaventurada...Virgen del alma, cuerpo y espíritu, arca santa que nos ha librado del diluvio del pecado, bella por naturaleza, tabernáculo santo, que el verbo ha trabajado con sus manos de Dios”. (San Efrén)
“María es después de la Trinidad, nuestra Soberana; es nuestra consolación después del Espíritu Santo; la medianera de todo el universo después de nuestro Mediador; más elevada y más gloriosa sin comparación que los querubines y los serafines”. (San Efrén)
“Bendita pues, la Virgen; pero más bendito aún el fruto de su vientre”. (Santo Tomás de Aquino)
“Oh mujer, bendita entre todas las mujeres: tú eres la honra del género humano, y la que después de Jesús, ha contribuido más a la salvación de nuestro pueblo. Tus méritos son imposibles de medir y tu poder para interceder en favor de todos nosotros es inmenso. Tú eres la Madre de Dios, la Señora más importante del mundo. La Reina del cielo. Tú eres dispensadora de innumerables gracias y favores del Señor, y eres el más hermoso adorno de la santa Iglesia de Dios. Tú eres ejemplo y modelo para quienes quieren llegar a la santidad, eres el consuelo de los afligidos y esperanza segura para nosotros de obtener la salvación. Tú eres alegría del Paraíso, Puerta del cielo, glorificadora de Dios”. (San Bernardino de Siena)
“Salve Madre Santa, Virgen Madre del Rey que gobierna cielo y tierra; Tú que has dado a luz al que sostiene con su mano al universo y cuyo reino no tendrá fin. Tú la única que tienes al mismo tiempo la alegría de ser madre y el honor de ser Virgen. Antes de Ti no ha existido mujer que te sea semejante en grandeza; y después de Ti no habrá jamás otra igual. Tú eres la sola y única mujer que ha agradado total y plenamente a Cristo”. (Oración famosa compuesta por Sedulio)
“¡Oh Señora nuestra, nada te iguala, nada es comparable a ti! Todo lo que existe, o está por encima de ti, o está por debajo de ti, por encima de Ti, solo Dios; por debajo de ti, todo lo que no es Dios”. (San Anselmo)
“Dios os salve, Señora, Santa Reina Sacratísima, María, Madre de Dios, que sois Virgen perpetua, elegida por el santísimo Padre de los cielos, que os consagró con su santísimo y amado Hijo y con el Espíritu Santo consolador. En Vos está y estuvo toda la plenitud de la gracia y de todo bien. Salve, palacio de Dios, Dios os salve, tabernáculo de Dios. Dios os salve, vestido de Dios. Dios os salve sierva de Dios. Dios os salve, Madre de Dios”. (San Francisco De Asís)
“Dios te salve, delicia del Padre, por quien llegó el conocimiento de Dios hasta los confines de la tierra. Ave, domicilio del Hijo, de quien Él tomó carne. Ave, habitación inefable del Espíritu Santo. Ave, tú que eres celebradísima admiración de los entendimientos celestiales. Ave, más santa que los querubines, más gloriosa que los serafines; ave, más extensa que el cielo, más brillante que el sol, más resplandeciente que la luna... Ave, suave resplandor para los ojos de los fieles; trueno espiritual que resuenas sin estrépito en los oídos de los hombres; ave, aura santa que disipas de la tierra el viento de la malicia. Ave, preanuncio noble de los profetas. Ave, voz en los oídos de los apóstoles por todo el mundo; ave, confesión admirable de los mártires, ave, ornamento máximo de los santos; ave, placer verdadero de los justos; ave, felicísima glorificación de las vírgenes; ave, cetro y firmeza de los reyes. Ave, misterio máximo de los sacerdotes, refugio invicto de los pecadores. Ave, glorioso gobierno de los navegantes; ave, elevación de los que caen, oh Señora. Ave, gratuita medicina de los enfermos; ave, resurrección cierta de los moribundos. Ave, causa de salud de todos los mortales. Ave, gozo inenarrable del mundo. Ave, Reina conciliadora de la paz; ave, esplendor inmaculado de las Madres... Ave, Divina enseñanza para los jóvenes, custodia ilustre de los niños. Ave, Medianera de todas las cosas que están debajo del cielo, Reparadora de todo el mundo. Ave, celebridad magnificentísima del cielo y de la tierra; ave, llena de gracia, el Señor contigo”. (San Tarasio de Constantinopla)
“Dios ha hecho tan sublime a María, porque quiere que la honremos. Si Dios lo quiere, ¿por qué hemos de ser tan mezquinos en nuestras alabanzas a la Reina de los cielos? Honrando a María, honramos a Dios. Seamos generosos con la Virgen Santísima y Ella lo será también con nosotros”. (San Gabriel de la Dolorosa)
“Salve, oh Madre del Salvador. Vaso de elección, vaso de honor, vaso cuidadosamente labrado por la mano del Señor.
Salve, Madre sagrada del Verbo, flor nacida entre las espinas, flor sin espinas: flor que es la gloria del Zarzal, que somos nosotros.
Puerta cerrada, fuente de los jardines, tesoro de los perfumes: Vos superáis en suave olor del bálsamo, a la mirra, al incienso y al cinamomo.
Mirto de templanza, rosa de paciencia, nardo fragante. Valle de humildad, tierra respetada por el arado y abundante en cosechas: Cristo, la flor de los campos, el bello lirio de las cañadas, ha nacido en Vos”. (Adam de San Víctor)
“Ella igualó a los apóstoles en el celo de la predicación, a los profetas en los presagios, a los mártires en los tormentos, a los confesores en la santidad, a las vírgenes en la pureza: la gracia se la dio a los demás con medida, a María se le infundió toda la plenitud. ¡oh piadosísima! Merezcamos nosotros encontrar en ti la gracia; esto es lo que desea y lo que pide toda esta muchedumbre, esto es lo que desean con ansia los ancianos, los jóvenes, los niños, las gentes de toda edad, sexo y condición. Pues a ti se dirigen los ojos de todo Israel, y la Iglesia a coro clama en ininterrumpida oración: tú eres la segunda salvación de todos, tú el origen de la paz, el bien común, la columna de nuestro linaje, la gloria de todos nosotros”. (Santo Tomás de Villanueva)
ALIMENTO:
“María alimentaba a Jesús con su leche virginal, y Jesús alimentaba a María con la gracia celestial”. (San Agustín)
ALMA:
“Me represento mi alma como terreno libre y pido a la Santísima Virgen que quite de ella los escombros que son las imperfecciones; que prepare Ella misma una amplia habitación, digna del cielo, engalanándola con sus propios adornos”. (Santa Teresita del Niño Jesús)
AMOR:
“Los que aman a la Virgen son en mayor grado iluminados en las verdades del entendimiento y enriquecidos de santa fama y de todo bien”. (San Buenaventura)
“Por mucho que ames a María Santísima. Ella te amará siempre mucho más de lo que la amas tú”. (San Ignacio de Loyola)
“Tu amor a la Virgen María debe tener una cualidad especial: debe provenir del gran aprecio que tú tienes a sus grandes cualidades y virtudes, por ejemplo que es Madre de Dios, Virgen Purísima, Consoladora de los afligidos, etc. Porque si tu amor a la Virgen proviene solo de tus mezquinos intereses por conseguir favores o de tu sentimentalismo, tu devoción puede ser falsa”. (San Luis Grignión de Montfort)
“María nos ama mucho, porque una madre siente gran amor por sus hijos, y todos nosotros somos hijos suyos y hermanos de su Hijo queridísimo, Jesucristo. María ama a sus devotos por gratitud, porque si nosotros le demostramos amor, aprecio y devoción, ¿cómo no va Ella a retribuirnos amor por amor?. Ella si que cumple lo que dice la S. Biblia en el libro de la Sabiduría: Yo amo a los que me aman”. (Grignión de Montfort)
“El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima”. (Beato José María Escrivá de Balaguer)
“¡Que agradable es amar a María! nada cuesta con Ella, todo sale bien, todo es fácil, hasta ser Santo; yo creo que si nosotros nos lo proponemos y se lo decimos a Ella, nos hará”. (Beato Hno. Rafael Arnáiz, monje trapense)
AMPARO:
“Reina y Refugio mío. Cobíjame bajo tu manto y no permitas que yo vuelva a ser esclavo del espíritu del mal”. (San Alfonso María De Ligorio)
ÁNGELES:
Refiriéndose a los honores y encargos que cumple, el Príncipe de la Corte Celestial con la Virgen, San Agustín dice que “el Príncipe de la corte celestial, San Miguel, está inflamado por el anhelo de tributarle y hacerle tributar los honores y homenajes que le son debidos, y que está siempre alerta para obedecer a sus insinuaciones y prestar socorro a sus siervos”.
ANUNCIACIÓN:
“Llena de gracia, Bendita entre todas las mujeres”. No le habría hablado así el ángel si María no hubiera sido perfectamente pura y santa”. (San Agustín)
ARCO IRIS:
San Antonio de Padua, en los colores del arco iris vio representada estas virtudes de la Virgen: “El color oscuro del arco iris recuerda la pobreza de María; el azul, su humildad; el oro, su caridad; finalmente, el color del fuego, su incorruptible virginidad”.
ASISTENCIA:
“Esta Madre tan rica y liberal, agradecida a vuestros obsequios y homenajes, os asistirá en vida, os socorrerá en la hora de la muerte y os hará dichosos en la eternidad de los siglos”. (Del libro de Francisco M. Negro)
San Juan Bosco creía firmemente en la asistencia de la Virgen a los devotos moribundos y afirmaba: “Se ha visto en más de una ocasión a la Santísima Virgen aparecer a los agonizantes e iluminarlos con su presencia. Así nos lo enseñan grandes santos, tales como San Carlos Borromeo, San Buenaventura, San Alfonso y otros. Un gran número de ellos han tenido la dicha de experimentarlo por sí mismos, entre otros: Santa Clara, San Felipe Neri, San Felix de Cantalicio, Santa Teresa, San Pedro Alcántara y San Juan de Dios”.
ASUNCIÓN:
“La memoria del Misterio de la Asunción de María nos debe inspirar gran confianza y esperanza de salvación al pensar que, así como en el cielo tenemos a nuestro Padre, también tenemos a nuestra Madre... María es allí riquísima, poderosisíma, bondadosísima y generosísima y tiene gran voluntad de socorrernos y quiere que todos subamos al cielo y que seamos gloriosos y eternamente felices con ella y con el Padre, Hijo y Espíritu Santo”. (San Antonio María Claret)
AUXILIO:
“La Santísima Virgen no solo corre sino vuela en auxilio de quienes le rezan aunque sea una Avemaría”.
“Siempre que tengamos que pedir una gracia a Dios, dirijámonos a la Virgen Santa, y con seguridad seremos escuchados. ¿Queremos salir del pecado? Acudamos a María; Ella nos tomará de la mano y nos conducirá a la presencia de su divino Hijo para recibir de Él el perdón. ¿Queremos perseverar en el bien? Dirijámonos a la Madre de Dios; Ella nos cobijará bajo su manto protector, y contra nosotros nada podrá el infierno”. (San Juan María Vianney)
AVEMARÍA:
“El Avemaría rezada con devoción, según los santos es el enemigo del diablo a quien hace huir, y el martillo que lo aplasta. Es la santificación del alma, la alegría de los ángeles, la melodía de los predestinados, el cántico del Nuevo Testamento, el gozo de la Santísima Virgen y la gloria de la Santísima Trinidad”.
“¡Rezando el avemaría, el pecado acabará! ¡Y por el avemaría, Jesucristo reinará!”. Estribillo de un canto de S. Luis Grignión
“Ojalá empezáramos cada una de nuestras acciones importantes rezando el Avemaría”.
“El tener afición al rezo del Avemaría es señal de predestinación”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Un Avemaría vale más que el mundo entero”. (San Alfonso María de Ligorio)
“María nos saluda con la gracia siempre que la saludamos con el avemaría”. (San Buenaventura)
BENDICIÓN:
“Para bendecir más perfectamente a Jesucristo, hay que bendecir primero a María”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Por una bendición que le digáis, hará que os dé diez. Dirá: Hijo mío, bendecid a éste que me bendijo”. (San Juan De Ávila)
“Postrémonos ante esta buena Madre, y digámosle que no nos marchamos, sin haber alcanzado su bendición y sin haber conseguido que nos acepte como hijos”. (San Bernardo)
“Bendecidlos y acogedlos bajo el manto de vuestra protección, para que el demonio nunca tenga poder sobre ellos, antes bien, vivan siempre puros, siempre inocentes, siempre santos y libre de todo pecado”. (Bendición a los Niños)
BENDITA:
“A todas luces, la Virgen es bendita, porque Ella esperó la bendición de todos y, esperando, la recibió. De veras bendita, porque no fue estéril ni impura: fecundada sin sonrojo, grávida sin gravamen, madre sin dolor. Ella sin otro ejemplo de la condición femenina, fue a la vez Virgen y madre y engendró a Dios”. (San Antonio de Padua)
BIENAVENTURADA:
“He aquí la razón de por qué la antigüedad, para honrar a Jesús honró tanto a su Santísima Madre. Reparad en todo el cristianismo: de tres iglesias dos están bajo la advocación de la Virgen o tienen alguna especial señal de la devoción del pueblo para con Ella... No solamente el pueblo, sino también las almas encumbradas: prelados, doctores, príncipes y monarcas, la han alabado y ensalzado; como los pajarillos empiezan a gorjear cada uno en su ramita al amanecer, todos se han esforzado para cantar sus alabanzas, como la misma Señora lo había previsto cuando dijo: Bienaventurada me llamarán todas las generaciones”. (San Francisco de Sales)
“Si Pedro ha sido proclamado bienaventurado, ¿no llamaremos bienaventurada entre todos a la Virgen que ha dado a luz a Aquel a quién Pedro ha confesado? Si San Pablo es llamado vaso de elección porque ha llevado el nombre de Cristo por toda la tierra, ¿qué vaso es, pues, la Madre de Dios, que lo llevó a su seno?”. (San Basilio)
“¡Oh bellísima niña, sumamente amable! ¡Oh hija de Adán y Madre de Dios! ¡Bienaventuradas las entrañas y el vientre de los que saliste! Bienaventurados los brazos que te llevaron, los labios que tuvieron el privilegio de besarte castamente, es decir, únicamente tus padres, para que siempre y en todo guardaras intacta tu virginidad”. (San Juan Damasceno)
“¡Oh Virgen soberana!, Yo de mi parte, quiero cumplir vuestra profecía y ser uno de los que os llaman bienaventurada. Vos sois bienaventurada porque creísteis como dijo vuestra prima, y sois bienaventurada porque trajisteis en vuestro vientre al Salvador y mucho más bienaventurada porque oísteis su palabra y la guardasteis.
También sois bienaventurada con las ocho bienaventuranzas que vuestro Hijo predicó en el monte: sois pobre de espíritu, y es vuestro el reino de los cielos; sois mansa, y poseéis la tierra de los vivos; llorasteis los males del mundo, y así sois consolada; tuvisteis hambre y sed de justicia, y ahora estáis harta; sois misericordiosa, y alcanzasteis misericordia; sois pacífica, y así, por excelencia, sois Hija de Dios; sois limpia de corazón, y ahora estáis viendo claramente a Dios; padecisteis persecuciones por la justicia, y ahora es vuestro el reino de los cielos, como Reina suprema de todos sus moradores.
¡Oh Reina soberana!, gózome de que seáis bienaventurada por
tantos títulos. ¡Oh, si todas las naciones del mundo se convirtiesen a vuestro Hijo, y os llamasen con gran fe bienaventurada, para que por vuestro medio llegasen todos a ser bienaventurados, imitando aquí vuestra vida y gozando después de vuestra gloria!”. (V.P. Luis de la Puente)
BIENES:
“¡Oh! Si supiésemos que bienes tiene quién a la Virgen tiene” (San Juan de Ávila)
BODA:
“De las nupcias del Espíritu Santo con la Virgen María, nació la Iglesia”. (San Paciano)
CAMINO:
“La Santísima Virgen es el camino para llegar a nuestro Señor”. (Santos Padres)
“Dios te salve, llena de gracia, porque Dios te ha constituido nuestro camino de salvación y nuestra subida a los cielos”. (San Anastasio de Antioquía)
CANTO:
De nuestra Madre se canta: “Oh Virgen, tú aniquilaste todas las herejías”.
CASTIDAD:
“El nombre de María es indicio de castidad”. (San Pedro Crisólogo)
San Juan de Ávila inculcaba esta devoción a sus fieles: “Mediante ayunos y confesiones que se practiquen en honor de la Santísima Virgen, preferentemente en sus fiestas se alcanza la castidad”.
San Juan de Ávila aconsejaba a cierto señor que cuando le vinieren las tentaciones contra la santa pureza exclamara: “Bendita y alabada sea la Purísima Concepción de la Santísima Virgen María”.
San Ambrosio llama a la Santísima Virgen “Señora de la Castidad; San Epifanio la llama “Princesa de la Castidad” y San Gregorio, “Reina de la Castidad”.
COLABORADORA:
“María colabora con el Espíritu Santo” (San Luis María Grignión de Montfort)
COMBATE:
“Las dos más poderosas armas que yo conozco para vencer al príncipe de este mundo y alejar el pecado, son: la recepción frecuente del Cuerpo de Cristo y una confianza ciega en su Santísima Madre. Hace muchos años que vengo recomendando la devoción a la Madre de Dios y no dejaré de hacerlo hasta que tenga la dicha de contemplarla allá arriba en los cielos”. (San Gregorio VII, Papa)
COMPAÑÍA:
“La Madre del Señor no solo te acompañará en la muerte sino que irá contigo hasta la presencia de Dios”. (San Jerónimo)
CONCEPCIÓN:
“Dios elige a una Virgen de la descendencia real de David; y esta Virgen, destinada a llevar en su seno el fruto de una sagrada fecundación antes de concebir corporalmente a su prole, divina y humana a la vez, concibió en su espíritu”. (San León Magno)
“María concibió en su espíritu antes que en su seno”. (San Agustín)
CONDUCTO:
“Como a través del cuello se difunde desde la cabeza, la vida a todo el cuerpo del mismo modo las gracias vitales continuamente se transmiten desde la cabeza, que es Cristo, a su cuerpo místico, por la Virgen y de una manera especial a sus devotos y amigos”. (San Bernardino de Siena)
CONFIANZA:
“Si te entregas a Ella, sin reserva y pones en Ella tu confianza, sin presunción y trabajando por tu parte para adquirir las virtudes y domar las pasiones, ella se dará a ti totalmente”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Si confío en ti, ¡Oh Madre de Dios!, me salvaré, protegido por ti, nada temeré; con tu auxilio combatiré a mis enemigos y los pondré en fuga”. (San Juan Damasceno)
“Oh María en Ti confío. En esta esperanza vivo, y espero morir exclamando: “Mi gran esperanza es Jesucristo, la Virgen María”. (San Alfonso María De Ligorio)
“Amando a María estoy seguro de mi salvación y vocación”. (San Juan Berchmans)
“Tengan siempre mucha confianza en la Santísima Virgen. Yo la invoco todo el día. Ella me ha ayudado hoy, yo le he pedido trabajar por mis hermanos y no me he cansado”. (San Juan María Vianney)
“En todas nuestras penas, sean del alma, sean del cuerpo, después de Dios hemos de concebir una gran confianza en la Virgen María”. (S. Juan María Vianney)
“Tened confianza en la Virgen. Ella os ayudará en todas las cosas”. (Santa María Mazarello)
CONFIDENCIAS:
Santa Bernardita había escrito en su cuaderno íntimo: “Allí encontré a mi madre en el esplendor de su gloria”.
“Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón”. (San Luis María Grignión de Montfort)
CONOCIMIENTO:
“Es necesario dedicarse a conocer a María, porque el que la conozca la amará, y quien la ame recibirá de su Hijo, por su mediación, ipsa mediante, todos los bienes necesarios al presente, y en el futuro, la vida eterna, de la cual las gracias y virtudes son las arras y la prenda”. (Ricardo de San Lorenzo)
“Recurrid a María; que Ella os iluminará y ayudará a conocer la voluntad de Dios sobre vosotros”. (San Juan Bautista de la Salle)
“María iba reflexionando sobre todas las cosas que había conocido leyendo, escuchando, mirando, y de este modo su fe iba en aumento constante, sus méritos crecían, su sabiduría se hacía más clara y su caridad era cada vez más ardiente. Su conocimiento y penetración, siempre renovados, de los misterios celestiales la llenaban de alegría, la hacían gozar de la fecundidad del Espíritu, la atraían hacia Dios y la hacían perseverar en su propia humildad. Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el Alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.
Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe.
Convenía, en efecto, que la sabiduría divina, que iba edificando la casa de la Iglesia para habitar en ella, se valiera de María Santísima para lograr la observancia de la ley, la purificación de la mente, la justa medida de la humildad y el sacrificio espiritual”. (San Lorenzo Justiniano)
“Quien quiera conocer a la Virgen (una Virgen en perfecta armonía con el Magisterio eclesiástico y, en particular, con el Concilio Vaticano II, con la Sagrada Escritura y la Tradición eclesiástica) que lea la mariología de María Valtorta[2]”. (Gabriel María Roschini)
CONSEJO:
“Grabad en vuestra memoria esta bella oración: María Auxiliadora, rogad por nosotros, para rezarla en todas las tentaciones, en todos los peligros, en toda necesidad y siempre”. (San Juan Bosco)
“María sea para Ti auxilio en la vida, ayuda en las angustias y peligros, salvación en la muerte, gozo en el cielo”. (San Juan Bosco)
Mamá Margarita cuando Don Bosco parte al Seminario le dice: “Cuando viniste al mundo, te consagré a la Santísima Virgen; cuando comenzaste los estudios, te recomendé la devoción a esta nuestra Madre; ahora te recomiendo ser todo suyo; ama a los compañeros devotos de María; y si llegas a ser sacerdote, recomienda y propaga siempre la devoción a María”.
“Lo mejor que puedes hacer es colocarte por completo en manos de la Santísima Virgen y dejar que Ella sea la que escoja las gracias que más te conviene recibir”. (Santa Catalina de Siena)
“He recomendado muchas veces a la gente que repita frecuentemente esta oración: Oh María, rogad a Jesús por mí, y los resultados obtenidos son maravillosos”. (San Alfonso Ligorio)
Santa Matilde aconsejaba “la consagración del corazón al santísimo y purísimo Corazón de María”.
De esta manera aconsejaba Santa María Mazzarello a principios de 1881 a un grupo de hermanas que se preparaban a partir en misión a Sudamérica: “No os olvidéis nunca de la Virgen Santísima. Contadle vuestras penas lo mismo que vuestras alegrías. ¡Sí, vuestras alegrías también!”
“Conságrate a María, ora a tan buena Madre, hónrala sobre todo en su Inmaculada Concepción”. (San Juan María Vianney)
CONSUELO:
La Iglesia llama a nuestra Madre “Consuelo de los afligidos”.
CONVERSIÓN:
“Había trabajado mucho por convertir a un gran pecador y nada lograba. Entonces decidí encomendárselo totalmente a la Sma. Virgen y la gracia se obtuvo prontamente”. (Santa Gema Galgani)
San José Caffaso estaba tan convencido de que en la obra de conversión de los pecadores, la mejor colaboradora es la Virgen María. Cuando iba a convertir a alguno condenado a muerte, decía: “Voy confiado, porque la que lo va a convertir es mi socia: La Madre de Dios”.
CORONA:
San Bernardo de Siena A la corona de 12 estrellas que lleva la Virgen en la cabeza, a cada una las vio significadas así: “1. clausura; 2. Audiencia; 3. Pudor; 4. Prudencia; 5. Temor; 6. Honestidad; 7. Diligencia; 8. Virginidad; 9. Obediencia; 10. Humildad; 11. Deseo; 12. Fidelidad”.
En otra ocasión, cuando predicaba en la plaza de Collemaggio las representó con otras palabras: “Nobleza, preservación, mérito, poder, excelencia, señorío, reinado, mediación, perfección, ornamento, restitución, impecabilidad”.
CREACIÓN:
“Dios creo un mundo para el hombre peregrino: es la tierra; un mundo para el hombre glorificado: es el cielo; un mundo para sí mismo: es María. (San Luis María Grignion de Montfort)
CREDO:
“Creemos que María, florida siempre con la gloria de la virginidad, fue la Madre del Verbo Encarnado, nuestro Dios y Salvador Jesucristo, la cual redimida de un modo eminente en previsión de los méritos de su Hijo, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original; y que aventaja con mucho a todas las demás criaturas en los dones de la gracia.
Asociada por un estrecho e indisoluble vínculo a los misterios de la Encarnación y Redención, la bienaventurada Virgen María, la Inmaculada, terminada su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y, hecha semejante a su Hijo que resucitó de entre los muertos, recibió por anticipado, el destino de todos los justos. Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa ejerciendo sus oficios maternales en favor de los miembros (místicos) de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos”. (De la “Profesión de Fe del Pueblo de Dios” de S.S. Pablo VI)
CULTO:
“El culto a la Virgen debe consistir en lo siguiente: 1o En una alta estimación de sus grandes cualidades y de su inmensa dignidad. 2o En una filial confianza. 3o En una estudiosa imitación de sus virtudes. 4o En propagar el culto mariano”. (San Buenaventura)
DEDICATORIA:
San Alfonso María de Ligorio, en su libro “LAS GLORIAS DE MARÍA” en la introducción, al dedicarlo a la Virgen le dice:
“A ti también me dirijo, dulcísima Señora y Madre mía María; bien sabes que en ti, después de Jesús, coloqué toda mi esperanza de eterna salvación, pues todo mi bien y mi conversión, mi vocación al dejar el mundo y cuantas gracias recibí de Dios, todo reconozco haberlo recibido por tu Mediación. Tampoco ignoras que para hacerte amar de todos como mereces y darte alguna muestra de gratitud por tantos beneficios como recibí de ti, siempre y en todas partes procuré predicar de ti, en público y en privado, inculcando por todas partes tu dulce y saludable devoción. Espero continuar haciéndolo hasta el último momento de mi vida”.
San Alfonso María Ligorio en su obra “PREPARACIÓN PARA LA MUERTE” le ofrece a la Virgen María esta dedicatoria:
“A la Inmaculada y siempre Virgen María,
A la llena de gracia y bendita entre todos
los hijos de Adán.
A la paloma, a la tórtola predilecta de Dios,
Honor del género humano, delicia de la
Santísima Trinidad,
Morada de amor, dechado de humildad,
espejo de todas las virtudes,
Madre de amor hermoso, Madre de la santa
esperanza y Madre de la misericordia,
Abogada de los desgraciados, amparo de los débiles,
luz de ciegos, salud de los enfermos,
Ancora de confianza, ciudad de refugio, puerta del cielo,
Arca de vida, iris de paz, puerto de salvación,
Estrella de los mares, mar de dulzura,
Reconciliación de pecadores, esperanza de los desamparados,
socorro de los desesperados,
Consoladora de afligidos, alivio de moribundos,
alegría del universo,
Un afectuoso y amante siervo,
Aunque indigno y vil, humildemente dedica esta obra”.
DEFENSORA:
“Si yo no tuviera a la Madre de Dios que me defiende a cada paso de los peligros del alma, ya habría caído en poder de Satanás”. (S. Cura de Ars)
“Nadie sino por ti se llena del conocimiento de Dios, Oh Santísima. Nadie puede salvarse sino por Ti, Madre de Dios. Nadie se libra de los peligros sino por Ti, Virgen y Madre; ninguno redimido sino por ti, Madre de Dios. Nadie consigue ningún Don por misericordia sino a través de ti, que fuiste digna de recibir a Dios. ¿Quién hay que defienda tanto a los pecadores como Tú?”. (San Germán de Constantinopla)
DESCENDENCIA:
“María descendió de catorce patriarcas, de catorce reyes y de catorce duques. Descendió de cuarenta y dos nobilísimos hombres”. (San Bernardino de Siena)
DESEO:
“Jesús, María: estos sean los nombres que yo pronuncie al morir, para que llevando este ramo de olivo en la boca, sea recibido en el Arca Santa del Paraíso”. (San Germán de Constantinopla)
DESIGNIO:
“Dios quiere, pues revelar y manifestar a María la obra maestra de sus manos, en estos últimos tiempos”. (San Luis María Grignión de Montfort)
DESPEDIDA:
“Que el manto azul de Nuestra Señora te cubra con sus numerosos pliegues”. (expresión familiar para despedirse dos amigos - Rusia)
DEVOCIÓN:
San Efrén llama a la devoción a Nuestra Señora: “Puerto y escalera para subir y entrar al cielo”.
“Tu devoción la concede Dios a quienes más desea salvar y santificar”. (San Juan Damasceno)
“En todo tiempo tendrás suma y amorosa devoción a la gloriosa Reina, Madre de Nuestro Señor. En todas tus necesidades y en todas tus penas recurre a Ella como refugio el más seguro, implorando su protección. Tómala por abogada y encomiéndala con devoción y confianza tus cuitas, pues es Madre de Misericordia, y ofrécele cada día un testimonio especial de reverencia”. (San Buenaventura)
“La verdadera devoción a María ha de ser interior, tierna, santa, constante y desinteresada”. (San Luis María Grignión Montfort)
“La devoción a María es el termómetro de nuestra vida espiritual”.
“¿Y vosotros no sois devotos de la Virgen, vosotros no tenéis devoción a la Señora? ¡Oh que rayo! ¿Sabéis lo que quiere decir no ser devotos de la Señora? Quiere decir estar perdidos como Judas, estar desesperados, estar condenados. ¿Si vosotros sois devotos de la Señora? Oid, pues y consolaros. Viviréis bien, moriréis mejor, os salvaréis. En el Cielo, volveremos a vernos”. (San Leonardo de Porto Mauricio)
“Imposible que se pierda quien con humildad y esmero cultiva la verdadera devoción a esta divina Madre”. (Blosio)
“La devoción a María es señal de salvación eterna”. (San Bernardo)
“A los santos les profesamos devoción únicamente en ciertos días y épocas del año. Pero la devoción a María Santísima -por ser la Augusta Madre de Dios y estar elevada sobre todas las criaturas- no debe sufrir interrupción”. (San Juan Bautista de la Salle)
“¿No le tenéis devoción? Harto mal tenéis; harto bien os falta; más quería estar sin pellejo que sin devoción a María”. (Beato Juan de Ávila)
“De la limosna y de la devoción a la Santísima Virgen os diré que es imposible que se pierda quien las practica de corazón”. (San Juan María Vianney)
“Si tenéis la dicha de grabar en el corazón de los niños la devoción a la Virgen María, habréis asegurado su salvación”. (San Marcelino Champagnat)
“Una sincera filial, ilimitada confianza en María, una ternura singular hacia Ella, una devoción constante, os harán superiores a todo obstáculo, tenaces en los propósitos, rígidos consigo mismo, amables con el prójimo y exactos en todo”. (San Juan Bosco)
“La historia de la Iglesia nos enseña que los Santos más grandes son aquellos que han profesado mayor devoción a María”. (Don Bosco)
“Cultivad una tierra, verdadera y constante devoción a María Santísima. Oh, si supieras la importancia de esta devoción no la cambiarías por todo el oro del mundo”. (San Juan Bosco)
“La devoción a María es una gracia que solo se logra con la oración”. (San Maximiliano Kolbe)
“Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos”. (San José María Escrivá de Balaguer)
DEVOTO:
“Ser devoto tuyo, ¡oh María! Es un arma de salvación que Dios ofrece a los que quiere salvar”. (San Juan Damasceno)
“¿Quieres alcanzar el cielo? Hazte devoto de la Santísima Virgen María”.
“Ser buen devoto de María Santísima es una gran señal de salvación”. (San Anselmo y San Antonio)
“No eres mas Santo, porque no eres más devoto de María”. (San Bernardo)
Hay una novena bienaventuranza. Dice así: “Bienaventurados los devotos de la Sma. Virgen, porque tendrán sus nombres escritos en el Libro de la Vida Eterna”. (San Buenaventura)
“En el cielo serán reconocidos los devotos de la Virgen Santísima por una señal especial, distinta de la de los demás bienaventurados, aún en esta vida los devotos fervientes de la Virgen llevando esa señal dichosa, quedan inscritos en el libro de los predestinados”. (San Buenaventura)
“Persuadámonos de que todo cuanto hiciéremos por honrar, o porque otros honren a la Santísima Virgen, será recompensado abundantísimamente de Dios por su medio y reconozcámosla siempre como nuestra bondadosa Madre, ya que por tal se la dio Jesucristo a todos los que sean sus devotos, en la persona de San Juan, cuando le dijo, próximo a morir: “Hijo mío, ahí tienes a tu madre”. (San Juan Bautista de la Salle)
“¡Ah, felices vosotros -si sois devoto de la Virgen Santísima-, de poder recurrir con facilidad a su santo nombre; y de sentiros seguros por su sola invocación, no obstante todos los escollos que se encuentran en el camino de la vida!”. (San Juan Bautista de la Salle)
“Si no nos va mejor es, porque no somos más devotos de María”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen María”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Que devoto habrá que no te ame María. En la duda eres luz, en la tristeza consuelo y refugio en los peligros”. (Blosio)
San Felipe Neri en el “Recordatorio” que hace a los jóvenes, en uno de ellos les dice: “Sean devotos de María, porque este es el medio mejor para obtener la gracia de Dios”.
DISCERNIMIENTO:
“El alma que empieza a tener conciencia de la presencia del Señor en ella, siente más vivamente la necesidad de ser guardada por esta Madre, abrigada y sostenida por Ella”.
DISPENSADORA:
“Dios lo entregó todo a María, para que recibieras por medio de Ella, pues tú eras indigno de recibirlo directamente de Él”. (San Bernardo)
DONACIÓN:
“Se ha hecho toda a todos. Para sabios y para ignorantes se hizo deudora de abundantísimo amor. A todos abre su seno de misericordia para que todos reciban de su plenitud: el cautivo rescate, el enfermo salud, el triste consuelo, perdón el pecador, gracia el justo, alegría los ángeles y gloria la Santísima Trinidad, y la persona del Hijo, carne humana; de tal forma que no hay quién participe de su calor”. (San Bernardo)
DON:
“Que Dios nos dé su gracia y conocimiento para servir a su Madre”. (Santa Marianita de Jesús)
EJEMPLO:
“La Virgen fue firme en el propósito, modesta en el silencio, prudente en la pregunta, auténtica en el testimonio”. (San Agustín)
ELECCIÓN:
“A las almas privilegiadas, sobre las cuales tiene particulares designios de misericordia, Dios les otorga especialísima devoción a la Madre de Dios”. (San Marcelino Champagnat)
EMPRESA:
“Emprendamos grandes cosas bajo los auspicios de esta Madre”. (San Francisco de Sales)
ENCARNACIÓN:
“Meditando el anuncio de la divina Encarnación, seremos partícipes de aquella inmensa alegría de la que fue colmada la Santísima Virgen Madre de Dios. Cada uno medite diciendo para sí: “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, para que el hombre participara de la naturaleza divina y se proporcionara remedio a la soberbia humana”. (San Carlos Borromeo)
ENCUENTRO:
“Quien ha encontrado a María, ha encontrado todo bien. Ella ama a quien la ama; más aún, sirve a quien la sirve, y reconcilia a sus siervos y amantes con su Hijo airado. Tanta es su benignidad, que nadie debe temer acercarse a Ella; y tanta es su misericordia, que jamás rechazará a nadie. Es más, Ella, con sus dones y con sus gracias, positivamente transforma a sus siervos en digna habitación de su Hijo y del Espíritu Santo. Ofrece en su propia mano a la divina Majestad las plegarias, los obsequios, los sacrificios de esos siervos suyos, y de una manera especial cuando se hacen en su honor. Ella es nuestra abogada ante el Hijo, como el Hijo lo es ante el Padre. Es la procuradora que nos gestiona nuestros intereses y da valor a nuestras plegarias. Frecuentemente libera con su misericordia a los que merecían ser castigados con la justicia del Hijo. Ella es el tesoro de Dios, y a la vez, la tesorera de las gracias, que enriquece con abundantísimos dones espirituales a los que la sirven, y potentísima, les protege contra el mundo, el demonio y la carne. Nuestra salvación está en sus manos. Después de su Hijo, Ella es la dueña de toda criatura, y glorificará en el futuro a los siervos que la honran en el presente” (Raimundo Jordán)
ENSEÑANZA:
San Juan Bautista de la Salle en su obra La Teología de la Educación, dirige a los maestros cristianos esta meditación: “Honrad hoy a la Santísima Virgen como el tabernáculo y templo vivo que el mismo Dios se ha fabricado y adornado con sus propias manos; rogadle que os obtenga la gracia de tener vuestra alma tan bien adornada y dispuesta a recibir la palabra de Dios y comunicarla a los demás, que vengáis a ser por su intercesión (y a su ejemplo) tabernáculos del Verbo divino (pues recibiréis la Palabra, y la transmitiréis a los demás)”.
En otra parte escribe: “Dios que os ha elegido para enseñar a los niños a conocerle, quiere también que reproduzcáis, por decirle así, a la Santísima Virgen en los corazones de los que instruís, inspirándoles una devoción tierna para con ella; esta fecundidad debe ser fruto, en vosotros, de vuestras fervorosas oraciones y de vuestro amor a la Santísima Virgen, y del celo que mostraréis en vuestras instrucciones dirigidas a inspirar su amor”.
ESCAPULARIO:
“El Sagrado Escapulario del Carmen, como vestidura Mariana, es signo y garantía de la protección de la Madre de Dios”. (Pío XII)
“Lleva sobre tu pecho el Santo Escapulario del Carmen. Pocas devociones tienen tanto arraigo entre los fieles, y tantas bendiciones de los Pontífices. Además, es tan maternal ese privilegio sabatino”. (Beato José María Escrivá de Balaguer)
ESCRITURAS:
La Virgen nos promete en las escrituras: “Yo te voy a instruir, te enseñaré el camino, te cuidaré, seré tu Consejero”. (sal 32,8)
ESCUDO:
San Bernardo de Claraval tenía un escudo personal alusivo a la Virgen María cuyo lema rezaba: Ipsa Duce -ELLA POR GUÍA-.
ESPERANZA:
“No tenemos otra esperanza que a ti, Oh Virgen sincerísima”. (San Efrén)
“Después de Dios misericordioso y de Jesús nuestro Redentor, nuestra más firme esperanza es María Santísima”. (San Basilio)
ESPÍRITU SANTO:
“Feliz una y mil veces en esta vida a quién el Espíritu Santo descubre el secreto de María para que lo conozca”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“El Espíritu Santo nos comunica sus gracias y carismas solamente con la intervención de María”. (San Luis María Grignión de Montfort)
San Luis María Grignión de Montfort compuso una célebre oración dirigida al Espíritu Santo, que rezaba a diario y enseñaba a rezar, pidiendo su intercesión para que derrame el espíritu de María y sea Ella quien modele y forme a Jesús en nuestro interior: “¡Oh Espíritu Santo!, plantad, regad y cultivad en mi alma a la amable María, verdadero Árbol de la Vida, para que crezca, florezca y dé frutos de vida en abundancia. ¡Oh Espíritu Santo! Dadme una gran devoción a María, vuestra divina Esposa, un grande apoyo en su seno materno..., para que Vos podáis en Ella formar en mi alma a Jesús al natural, grande y poderoso, hasta la plenitud de su edad perfecta”.
“Ella distribuye todos los dones y virtudes del Espíritu Santo a quien quiere, cuando quiere, como quiere y en la medida que Ella quiere”. (San Bernardo)
“Quién desee recibir el Espíritu Santo con sus dones, a Cristo con sus gracias que vaya a la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre del que es el Pan de Vida”. (San Buenaventura)
San Francisco de Sales afirma que una de las condiciones para recibir el Espíritu Santo es estar con María: “Quién desee, pues, tener el Espíritu Santo, que se una con María”.
ESTUDIO:
“No se ha de creer que el estudio de la Santísima Virgen sea de poca importancia... En lo que a mí respecta no conozco otro, fuera del conocimiento de Dios, y de su Cristo, que sea más necesario y más digno”. (Francisco Suárez, español, jesuita. Uno de los grandes mariólogos)
EXALTACIÓN:
“Es la primera de todas las criaturas, Patrona de la Iglesia Universal, Señora de los Ángeles, a quien veneran con una reverencia como a su verdadera Señora; en una palabra, es Madre de Dios”. (Sto. Tomás De Villanueva)
FAVORES:
“La Virgen puede cuanto quiere, porque basta que le pida un favor a su Santísimo Hijo y Él en su amor infinito se lo concede”. (San Pedro Damián)
Santa Brígida le escuchó decir a Jesucristo: “Madre, ningún favor me negaste tú en la tierra y ningún favor te negaré Yo en el cielo”.
“Si María consigue tantos favores para este pobre cuerpo que pronto se acaba, cuántos más favores concederá para el alma que es inmortal?”. (Vble. Luis Comollo)
“La Virgen María es la que más favores obtiene de Jesucristo para todos nosotros porque es la más santa y la más pura de todas las criaturas”. (San Anselmo)
FE:
“Por lo mismo, cuanto más te granjees la benevolencia de esta augusta Princesa y Virgen fiel, tanto más reciamente se cimentará toda tu vida en la fe verdadera: una fe pura, que hará que no te preocupes por lo sensible y extraordinario; una fe viva y animada por la caridad, que te hará obrar siempre por el amor más puro; una fe viva e inconmovible como una roca, que te ayudará a permanecer siempre firme y constante en medio de las tempestades y tormentas; una fe penetrante y eficaz, que –como misteriosa llave maestra- te permitirá entrar en todos los misterios de Jesucristo, las postrimerías del hombre y el corazón del mismo Dios; una fe intrépida, que te llevará a emprender y llevar a cabo, sin titubear, grandes empresas por Dios y por la salvación de las almas; finalmente, una fe que será tu antorcha encendida, tu vida divina, tu tesoro escondido de la divina sabiduría y tu arma omnipotente, de la cual te servirás para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte, para inflamar a los tibios y necesitados del oro encendido de la caridad, para resucitar a los muertos por el pecado, para conmover y convertir –con tus palabras suaves y poderosas- los corazones de mármol y los cedros del Líbano y, finalmente, para resistir al demonio y a todos los enemigos de la salvación”. (San Luis María Grignion de Montfort)
“Por su extraordinaria fe, María ha sido constituida por Dios como iluminadora de la fe de los creyentes”. (San Metodio)
“Nuestros daños espirituales dependen de que no tenemos puestos los ojos en la fe de Dios y en lo que él nos manda. Pidamos pues a la Santísima Virgen que por la gran fe que Ella siempre tuvo nos alcance de Dios una fe viva”.
FIGURA:
De la Virgen se ha dicho “El arrullo de la tórtola se ha oído en nuestros campos”.
FUENTE:
“La voluntad de Dios es que todo lo tengamos por María. Debemos reconocer que la esperanza, gracia y dones que tenemos dimanan de Ella”. (San Bernardo)
GLORIFICACIÓN:
“Jesús se ve que quiere ahora glorificarse en su Madre, llevarnos a Él por medio de Ella, de Santa María, la dulce Theotókos”. (B. Jiménez Duque)
GRACIA:
“Para encontrar la gracia hay que encontrar a María”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“A María se la llama madre de la Gracia”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Dios Padre creó un depósito de todas las aguas, y lo llamó mar. Creó un depósito de todas las gracias y lo llamó María”. (Pedro de Elles)
Dicen los santos que “todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene por gracia a María”.
“Todo el río de las gracias divinas se derramó sobre María en su santificación. En la de otros Santos se infunde una gota de gracia, pero en la de la Virgen, el ímpetu de un río”. (San Vicente Ferrer)
“Como no va a ser María... llena de gracia, si ha sido hecha... escala del paraíso, puerta del cielo, interventora del mundo, huida de los demonios, esperanza de pecadores, puerto para los náufragos, estrella del mar, protección de los que están en peligro, consuelo de los agobiados, fortaleza de los que vacilan, verdadera medianera entre Dios y los hombres”. (San Lorenzo Justiniano)
“Ave llena de gracia. Esta gracia es la que dio gloria al cielo. Dios a los hombres, fe a los paganos, fin a los vicios, orden a la vida y a las costumbres”. (San Pedro Crisólogo)
“Esta es la gracia que hoy te pido: que siempre me acuerde de ti, pero especialmente cuando esté en el combate de las tentaciones. Concédeme la gracia de no dejar jamás de invocarte. De decirte muchas veces: ¡María ayúdame, ayúdame María!”. (San Alfonso María De Ligorio)
“Busquemos la gracia, pero busquémosla por medio de María. Que si tu no mereces la gracia que deseas, María lo merecerá y alcanzará, pidiéndola a Jesús en tu favor”. (San Bernardo)
“María, puesto que fue templo del Espíritu Santo y tabernáculo donde puso el Señor su descanso; fue también arca preciosa llena de todas las gracias, como calificóla el Arcángel al saludarla diciendo: ¡Dios te salve, oh llena de gracia! (Lc 1, 28)”. (Santa María Magdalena de Pazzi)
“Porque tú sola, con preferencia a todos, hallaste gracia; singular, porque tu sola hallaste esa plenitud universal; porque de esa misma plenitud reciben todos”. (San Bernardo)
“Bienaventurada la que entre todos los hombres merecía ella sola oír con preferencia a todos: Hallaste gracia”. (San Pedro Crisólogo)
“Desde su niñez estuvo María llena del Espíritu Santo, y conforme crecía en edad, crecía también en gracia. Desde entonces resolvió amar a Dios con todo su corazón, de suerte que no le ofendiese ni en obras ni en palabras; menospreciaba todos los bienes terrenos”. (Santa Brígida)
San Lorenzo Justiniano hablando de la Virgen dice: “Los que deseemos hallar la gracia, vayamos a la que halló la gracia”.
GRATITUD:
“Soy deudor de todo a la Virgen Santísima. Ella levantó mi valor. Ella me custodió”. (San Pedro Chanel)
GUÍA:
“Siguiendo a María no te extravías, implorándole, no pierdes la esperanza, pensando en ella no yerras; si ella te sostiene, no caes; si te protege, no tienes que temer; si te guía, no te cansas; si te es propicia llegas a Puerto seguro”. (San Bernardo)
“María es dulce lazarillo que os conducirá al cielo”. (P. José Baeteman)
HERENCIA:
“Jesucristo tras habernos dado cuanto nos podría dar, quiere aún dejarnos en herencia lo más precioso que él tenia: su santa Madre”. (San Juan María Vianney)
HIJOS:
“Pensemos que somos hijos de dolores y que los placeres no son para nosotros. Jesús nos concibe muriendo. María es nuestra Madre por la aflicción; y al concebirnos de esta suerte, ambos nos consagran a la penitencia (al sacrificio). Los que aman la penitencia son los verdaderos hijos de María; porque ¿dónde halló Ella a sus hijos? ¿Los halló entre los placeres, en la pompa, en las delicias y grandezas del mundo? No, no es ahí donde los encuentra; los encuentra con Jesucristo, y con Jesucristo paciente; los encuentra al pie de la Cruz, crucificándose con él, bañándose en su sangre divina y bebiendo el amor a los sufrimientos en los manantiales sangrientos de sus llagas. Tales son los hijos de María”. (Bossuet)
HOMENAJE:
Santo Domingo Savio cada día del mes de mayo narraba algún ejemplo acerca de la Madre de Dios. Esto lo había aprendido de San Juan Bosco que lo hacía también.
San José Cafasso en las fiestas de la Virgen no negaba los favores que le pidieran aunque le costara bastante. Lo mismo procuraba hacer Santa Teresita.
San Francisco de Sales y San Antonio Claret, los sábados y demás días marianos hacían alguna mortificación en la comida o bebida en honor a nuestra Señora.
San Alfonso le ofrecía leer cada semana alguna página que tratara de Ella.
San Buenaventura decía: “Mi homenaje a la Madre de Jesús es tratar de imitarla en su fe, en la palabra de Dios y en sus favores a los demás”.
HONRA:
“Oíd los que suspiráis por el reinado de Dios. Honrad a la Virgen María y hallaréis la vida del alma y la eterna salvación”. (San Buenaventura)
“Honrad a María y alcanzaréis la vida eterna” (San Buenaventura)
“Si honramos a María es para honrar más perfectamente a Jesucristo”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Lo que particularmente debe movernos a honrarla, es el gran bien que de ella recibiremos”. (San Juan Bautista de la Salle)
“Para honrar a su Madre anticipó la hora de empezar a obrar milagros”. (San Basilio)
HUMILDAD:
“Mis esfuerzos serán vanos, si mi Patrona la Virgen María no me concede el odio a mí mismo y el amor a los desprecios”. (San Cayetano)
Santa Matilde narra que en una visión celestial le fue dicho que “la virtud en la cual se ejercitó la Madre Celestial fue la virtud de la humildad”.
“Por los méritos de tu admirable humildad, alcánzame de tu Hijo la gracia de poseer un corazón humilde, semejante al tuyo”. (San Alfonso María De Ligorio)
“A través de su profunda humildad, manifestada al ángel. He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu voluntad (Lc 1, 38) en un solo instante mereció más ella que los ángeles y los santos habidos y por haber”. (San Bernardino de Siena)
IGLESIA:
“María es el corazón de la Iglesia”. (San Antonio María Claret)
“No hay en la Iglesia verdadera vida interior, ni ciencia ni sabiduría místicas, ni conocimiento íntimo de Cristo, ni penetración seria en los misterios y comunicación profunda de la gracia de que están llenos sin el intermedio y concurso de la Santísima Virgen”.
“Bienaventurada tú, Oh Iglesia!, pues sale de ti el profético grito de júbilo de Isaías: He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz. ¡Oh misterio patente de la Iglesia”. (San Efrén)
“María es el arquetipo de la Iglesia y la Iglesia no es plenamente Iglesia más que en Ella”. (O.P. E. Schillebeekx)
“Ambas, María y la Iglesia, son a la par vírgenes y madres; porque, como María a Jesús, la Iglesia nos concibe por el Espíritu y nos da a luz sin dolor, y ambas permanecen también vírgenes en el parto”. (Beda el Venerable)
“Ved Hijos de no abandonar nunca este lugar. Si fueses echado de él por una puerta, entrad por la otra, pues este lugar es Santo y morada de Cristo y de su Madre Virgen”. (San Francisco refiriéndose a la primera iglesia y convento de Nuestra Señora de los Ángeles o Santa María de la Porciúncula, donde empezó la obra franciscana)
IMÁGENES:
“Las imágenes instruyen a los que no leen. Enseñan sin tener que leer. Son lecciones objetivas. Hacen que los misterios de nuestra religión en los que participó la Santísima Virgen, por ejemplo la Encarnación, el Nacimiento de Jesús, su Infancia, su Pasión y su Muerte etc., se graben fácilmente en la memoria por la persistente repetición de esas representaciones ante la vista. Excitan el afecto y la devoción hacia Nuestra Madre Celestial, pues se graban más por lo que se ve que por lo que se oye”. (Santo Tomás de Aquino)
IMITACIÓN:
“Los Santos han intentado en la medida de sus fuerzas asemejarse a Cristo, imitarle y reproducirle, ya que en eso consiste nuestra perfección, sin embargo, ninguno lo consiguió totalmente sino solo en parte; y así uno en la humildad, otro en la castidad, otro en la mansedumbre. Solamente la Virgen lo imitó en todo”. (Sto. Tomás De Villanueva)
“Los santos dicen que para ser buen devoto suyo hay que imitarla en la humildad, en la castidad, en la mansedumbre y en la misericordia hacia los necesitados: Sean los hijos de María sus imitadores en la castidad, en la humildad, en la mansedumbre y en la Misericordia”. (San Buenaventura)
“No descuidemos en imitar su mansedumbre pudorosa y recatada, su humildad de corazón, su inquebrantable fidelidad y su ánimo compasivo”. (San Bernardo)
“En vano pretendemos honrar a María si no nos hallamos movidos del deseo de asemejarnos a Ella”. (San Bernardo)
INMACULADA:
“El gran Alfonso Salmerón, refiriéndose a la Inmaculada Concepción de la Virgen, admirablemente resumió este privilegio, utilizando los mismos términos de Juan Duns Escoto, “pudo, convenía, luego lo hizo”: “Dios podía hacerle esta gracia; convenía además que se la hiciera; por tanto sin duda se la hizo”.
“Será especialmente en los últimos tiempos cuando la Inmaculada, en su calidad de Esposa del Espíritu Santo, se dará a conocer como Medianera”. (San Maximiliano Kolbe)
INTERCESIÓN:
“Por Ti María se abrió para nosotros el camino de la vida eterna. Por Ti nos vemos libres de tantos remordimientos. Por Ti salimos vencedores en muchos peligros de alma y cuerpo. Por Ti recibimos incontables gracias de Dios”. (San Germán de Constantinopla)
“Entre mis devociones a la Santísima Virgen María, he resuelto no pedir nada a Dios en ninguna oración, que no sea por intercesión de María”. (San Claudio De La Colombière[3])
“Señora, tú tienes influencia de Madre ante Nuestro Redentor. Puedes pues obtener el perdón y la conversión aún a los más perversos pecadores. Si el Salvador te reconoce como a su amantísima Madre, no te negará cuanto le pidas en favor nuestro”. (San Germán De Constantinopla)
INVOCACIÓN:
“Ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María, tu esposa amadísima”. (San Anselmo)
“Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, concédeme en esto, como en todos mis pensamientos, mis palabras y acciones, vuestro socorro todopoderoso y la gracia de pedíroslo sin cesar”. (Carlos De Foucauld invoca a la Virgen su auxilio para escribir sus meditaciones)
“¡Oh Pura, inmaculada y bendita Virgen, Madre, sin pecado, de tu Hijo, el poderoso Señor del universo! A Ti cantamos, Santa y dulcísima María. Te bendecimos porque eres llena de gracia; porque llevaste en tu seno al Dios hecho hombre. Te invocamos e imploramos tu ayuda. Rescátanos, ¡Oh Santa y limpia María!, de toda necesidad y de las tentaciones del demonio”. (San Efrén)
“Soy toda tuya, Santísima Virgen, para ser más perfectamente de Dios. Y pues te pertenezco, enséñame a imitar tu santa vida, mediante el cumplimiento de lo que Dios quiere de mí. Con toda humildad reclamo tu ayuda; tú que conoces mi debilidad y ves mi corazón, dígnate suplir con tus súplicas lo que yo deje de hacer por mi impotencia y negligencia, y puesto que es de tu amado Hijo mi Redentor, de quien has recibido las heroicas virtudes que has practicado en este mundo, une el espíritu de mis acciones a su santa presencia, para gloria de su santo amor. ¡Que toda criatura honre tus grandezas, te mire como el medio seguro para ir a Dios y te ame con preferencia a cualquiera otra pura criatura, y que todas ellas te tributen la gloria que mereces como Hija muy amada del Padre, Madre del Hijo y digna Esposa del Espíritu Santo!”. (Sta. Luisa de Marillac)
JACULATORIA:
“Me congratulo contigo, oh Virgen y Madre Mía, y me alegra que la mano del Señor te haya hecho tan hermosa, tan Santa y tan pura”. (Jaculatoria preferida de San Francisco Solano)
“Dulce corazón de María, sed la salvación mía”. (La Santa Sede concedió indulgencias a esta jaculatoria el 30-IX-1852)
“Muestra que eres Madre”. (Jaculatoria favorita del Beato Antonio Baldinucci)
“¡Oh Jesús y María! El amor que os tengo me hace desear la muerte para poder estar unidos en el cielo; pero es tan grande este amor, que me hace pedir larga vida para ganar almas para el cielo. ¡Oh amor! ¡Oh amor! ¡Oh amor!” (A. María Claret)
“María, Madre de Dios” fue la jaculatoria preferida de José de la Madre de Dios, (nombre que adoptó San José de Calasanz)
“Señora, ponme con Jesús”... “Ponme con Jesús Señora”. (San Ignacio de Loyola)
“Ruega por nosotros, oh Santísima Señora, Reina y Madre de Dios”. (San Atanasio)
“A tus pies me arrojo reconociendo tu poder, oh Virgen Santa, soberana princesa”. (San Epifanio)
“Pide a Dios, oh celestial Señora, que nos haga santos”. (San Crisóstomo)
“Míranos, Señora, con ojos propicios desde la elevación de tu trono”. (San Basilio)
San Agustín repetía siempre esta oración, que después tomó la Iglesia de él: “Santa María, socorre a los miserables”.
“¿Qué será de nosotros, Santísima Madre de Dios, si tú nos desamparas?”. (San Germán de Constantinopla)
San Bernardo exclamaba a cada paso: “Tú eres nuestra Soberana, nuestra medianera y nuestra abogada”.
Santo Domingo de Guzmán antes de empezar a rebatir, instruir o dar un sermón, se postraba delante de una imagen de la Virgen e imploraba su protección con esta bella oración que adoptó después la Santa Iglesia: “Dígnate, Virgen Santísima, de alcanzarme gracia para que te alabe dignamente. Consígueme virtud y fortaleza para combatir y vencer a tus enemigos”.
LAMENTACIÓN:
“Señora mía ¿Será posible que me olvides?”
LEMA:
“Dios y Vos”. (El vos se refiere a la Virgen. Lema del Marqués de Santillana)
“Todo a Jesús por María, todo a María por Jesús”. (San Marcelino Champagnat)
“Vivir la vida de Jesús en María”. (lema sulpiciano inspirado en San Luis María Grignión de Montfort)
“Vivir a María”. (lema de los focolares)
“Totus tuus”. Todo Tuyo[4]. (lema mariano de Juan Pablo II)
LIBERTAD:
“Dichosos los fieles esclavos de la Reina del cielo, porque gozarán de la verdadera libertad, Servirte a ti es la libertad”. (Santa Cecilia)
MADRE:
“María es Madre de los hijos de Dios”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“María es Madre de los miembros de Cristo”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“María nos ama, alimenta, conduce, defiende e intercede siempre”. (San Luis María Grignión de Montfort)
“Ciertamente, hermanos. Ella es verdaderamente nuestra Madre. Por Ella hemos nacido, por Ella nos alimentamos, crecemos por Ella... Es, por tanto más Madre para nosotros que nuestra Madre”. (San Elredo de Rieval)S QUE NO LLEGÓ A LEER
“A los niños nunca se les cae de la boca el nombre de su Madre, y ante el más mínimo temor ya están gritando: ¡Madre!, ¡Madre! Esto es lo que deseas de nosotros, Madre suavísima, Madre amorosísima, que siempre nos hagamos niños pequeños y acudamos a ti en los peligros y te llamemos en nuestro auxilio, porque tú no quieres ayudar y salvar como salvaste a cuantos hijos acudieron a ti”. (San Alfonso María de Ligorio)
La Iglesia da también a la Virgen el título de “Madre de los agonizantes”.
“¡Madre al morir dame un sacerdote!”. (gracia alcanzada por un Irlandés)
Declaró la Virgen a Santa Brígida que “con gusto hace de Madre de los pecadores, con tal que tenga sincero deseo de enmendarse”.
“Esta es la Madre nuestra que ha de llevarnos al paraíso; esta es la que nos ha de ayudar en la hora de la muerte. Pobres de nosotros si no tuviéramos esta gran Madre”. (San Alfonso María de Ligorio)
“María ama, ayuda y recibe como a hijos a quienes acuden a Ella con devoción y confianza”. (San Buenaventura)
“Este nombre (Mamá), me viene espontáneamente a los labios. ¡Oh, Mamá mía! ¡Viva Jesús! ¡Viva María!”. (Santa Gema)
“¡Oh María! estás tan llena de piedad y misericordia en favor de todos los necesitados y miserables, que la compasión parece que te rodea por todas partes, y que no tienes otro deseo que socorrer al que padece, ni otra ocupación que estar atenta a lo que les falta y a lo que te piden para darles con solicitud maternal”. (San Buenaventura)
“Con su poder delante de Dios, nos alcanzará lo que le pedimos; como Madre quiere concedérnoslo. Y también como Madre entiende y comprende nuestras flaquezas, alienta, excusa, facilita el camino, tiene siempre preparado el remedio, aun cuando parezca que ya nada es posible”. (Beato José María Escrivá de Balaguer)
“María quiere ciertamente que la invoquemos, que nos acerquemos a Ella con confianza, que apelemos a su maternidad, pidiéndole que se manifieste como nuestra Madre”. (Beato Escrivá de Balaguer)
“Pero es una Madre que no se hace rogar, que incluso se adelanta a nuestras súplicas, porque conoce nuestras necesidades y viene prontamente en nuestra ayuda, demostrando con obras que se acuerda constantemente de sus hijos”. (Beato José María Escrivá)
“La Virgen María me tomó por hija y yo le dije: Madre de Jesús y Madre mía, vos sabéis que las madres dan su leche a sus hijitos; haced vos lo mismo conmigo. ¡Oh dulce madre mía!”. (Santa María Magdalena de Pazzi)
En una estampa editada en Madrid encontré lo siguiente: por un lado la figura de la Virgen dibujada con finas pinceladas y dos palabras con caracteres gruesos:
¡MARÍA MATER!
En el otro lado de la estampa rezaba así:
“Quienquiera que seas, en cualquier situación o circunstancia:
Prueba a decir estas dos únicas palabras:
¡MARÍA! ¡MADRE!
Mejor todavía:
Prueba a decir:
¡MARÍA! ¡MADRE!
Nada más, con la intención de dejar encerrado en estas dos únicas palabras todo lo que eres todo lo que tienes y todo lo que puedes”.
“Soy Madre de todos los justos, y de los pecadores que se quieren enmendar y corregir, y no ceso de defenderlos y librarlos de todos los peligros de salvación”. (palabras que le dirigió la Virgen a Santa Brígida)
“Nuestras madres pasan, mueren; tú María, Madre de nuestras madres, eres la gran Madre que no muere. Han pasado veinte siglos y estás más viva hoy que cuando cantaste el Magníficat y profetizaste que todas las creaturas te llamarán bienaventurada. Tú vives y permaneces porque Dios quiere que todas las generaciones te sientan y te tengan por Madre”. (Beato Luis Orione)
MADRE DE DIOS:
“Cuanto digamos en alabanza de María, todo es poco en comparación de lo que Ella se merece por su dignidad de Madre de Dios”. (San Agustín)
“La Madre de Dios fue exaltada sobre todos los ángeles”. (Santo Tomás de Aquino)
“Basta con decir que María es Madre de Dios (y lo decimos porque Ella es Madre de uno que es Dios) y con eso quedan dichos todos los elogios que de Ella pueden decir”.
MAGNIFICAT:
“Cantando el Magnificat, a la Virgen María le fue concedido, en su juventud, el presentir en una visión profética que, por medio de la venida de su Hijo, los humildes no serían humillados, sino que siempre tendrían su lugar en la familia humana”. (Hermano Roger)
MANIFESTACIONES:
Santa Matilde rogó insistentemente a la Virgen Santísima que la asistiera a la hora de la muerte y acogiendo benignamente su súplica la Madre de Dios se manifestó a la implorante, diciéndole: “Sí que lo haré, pero quiero que por tu parte me reces diariamente tres Avemarías, conmemorando, en la primera, el Poder recibido del Padre Eterno; en la segunda, la Sabiduría con que me adornó el Hijo; y, en la tercera, el Amor de que me colmó el Espíritu Santo”.
Santa Gertrudis cierto día escuchó en el coro de su convento benedictino, mientras cantaban el Avemaría: “Después del Poder del Padre, de la Sabiduría del Hijo y el Amor misericordioso del Espíritu Santo, nada se acerca ni parece al poder, sabiduría y misericordiosa ternura de María”.
Cierto día Dios le dijo a Santa Margarita Ma. Alacoque: “Te deposité en manos de mi Madre para que Ella te moldease conforme a mis designios”.
MARIANO:
“Al siglo XX se debería llamar MARIANO, pues ha tenido la suerte de experimentar una tutela más visible de la Madre de Dios y su poderoso patrocinio”. (S.S. Pío XII)
MARÍA:
EL NOMBRE DE LA VIRGEN ERA MARÍA (Lc 1, 27)
Este párrafo de San Bernardo, es uno de los más célebres sobre la Virgen, el mismo que se encuentra al final de la segunda homilía, de las cuatro escritas por el santo sobre las palabras del evangelio de San Lucas: super Missus est, que llamó las excelencias y loas de la Virgen Madre, (escrito mejor conocido por el nombre de Las grandezas incomparables de María):
“Se llama a María Estrella del Mar, y cae muy bien este apelativo a la Madre-Virgen. Pues con muchísima propiedad se la compara con la estrella; porque lo mismo que la estrella despide su resplandor sin merma propia, así la Virgen da a luz a su hijo sin daño propio. Ni el rayo de luz disminuye a la estrella su claridad, ni el Hijo a la Virgen su integridad.