XV.   ESCRITOS MARIANOS

He realizado esta selección de escritos marianos con el propósito de que en ti querido lector, se despierte el deseo de conocer a la Virgen, y conociéndola, profundices más en su maternal figura. El resto vendrá por “añadidura”.

 

1. SAN AMBROSIO DE MILÁN
2. SAN BERNARDO
3. BEATO TOMÁS DE KEMPIS
4. SAN CAYETANO
5. LUDOVICO BLOSIO
6. SAN FRANCISCO DE SALES
7. SAN JUAN BERCHMANS
8. SAN LUIS MARÍA GRIGNIÓN DE MONTFORT
9. SAN JUAN DE EUDES
10. SAN ALFONSO MARÍA LIGORIO
11. SAN ANTONIO MARÍA CLARET
12. SAN JUAN BOSCO
13. CARDENAL JOHN HENRY NEWMAN
14. SAN JOSÉ MARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER
15. BEATO SANTIAGO ALBERIONE
16. BEATO MARÍA RAFAEL ARNÁIZ
17. FRANK DUFF
18. BEATA, MADRE TERESA DE CALCUTA
19. BEATA TERESA DE CALCUTA Y EL HERMANO ROGER
20. RENÉ LAURENTIN
21. LUIGI GIUSANI
22. P. JOSÉ KENTENICH

 

 

 

 

 

1.    SAN AMBROSIO DE MILÁN [1]

“LAS VÍRGENES Y LA VIRGINIDAD”

Párrafos escogidos:

 

“Os presento la imagen viva de la virginidad, personificada en la Virgen María, espejo de ella y dechado de virtud, digna de que la toméis por norma de vida; porque la de ella os enseña, como maestra divina la bondad, lo que habéis de corregir, lo que os conviene evitar y lo que debéis practicarlo”.

“Es virgen en el cuerpo y virgen en el alma, limpia de desordenados afectos. Humilde de corazón, prudente en el juicio, grave y mesurada en el hablar, recatada en el trato, amiga del trabajo. Despreciadora de riquezas vanas, espera más de la pobreza, a quien Dios oye, que no del consejo humano, a menudo falaz y apasionado. A nadie ofende, a todos sirve; es respetuosa con los mayores y afable con los iguales. Enemiga de honras mundanas, regula sus acciones con el dictado de la razón, moviéndose solo por el amor de la virtud. Jamás dio enojo a sus padres ni con un leve gesto. Jamás afligió al humilde, ni menospreció al débil, ni volvió la espalda al necesitado, ni tuvo trato con los hombres, fuera del que pedía la misericordia y toleraba el pudor. Sus ojos no conocieron el fuego de la lujuria, ni en sus palabras sonaron exentos de procacidad, ni en su continente faltó nunca la decencia. Ni movimiento indecoroso, ni andar descompuesto, ni voz presumida vióse jamás en ella, reflejando en cambio en su compostura la interior pureza del alma”.

“Su continencia en la comida era sobrehumana, y su ocupación en obras manuales, continua; porque no tomaba más alimentos que el necesario para conservar la vida, y trabajaba sin descanso ni dar tregua a la ociosidad. Nunca usó manjar alguno para deleite del gusto, ni sueño por regalar a la carne, sino que en el breve reposo que le concedía, mientras descansaba el cuerpo, vigilaba el espíritu... En el recogimiento llevaba la mejor defensa, decoro y modestia, la cual resplandecía en sus movimientos y palabras con tal arte que se granjeaba el respeto y veneración de cuantos la veían alejada de las vanidades y entregada por entero a la virtud”.

 

“Pongan sus ojos en este acabado modelo y escuela viva de todas las virtudes, y a él oigan e imiten si desean enderezar sus pasos por el camino de la gloria eterna. Como flores en ameno jardín brillan en el alma de María las virtudes: en su pudor muéstrase el recato; en su fe, la firmeza y el valor; en su devoción, el amor obsequioso. Como virgen, ama el retiro de su casa y no sale de ella sin compañía; como madre, acude al templo a ofrecer su hijo a Dios”.

 

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2.    SAN BERNARDO

LA GRACIA”

En el nacimiento de Santa María, es el título previo que el santo le da a este escrito de doce páginas aproximadamente, en el cual San Bernardo nos exhorta a buscar la Gracia a través de este Acueducto que es María:

 

Párrafos selectos:

 

“No ignoráis a quien fueron dirigidas estas palabras: Dios te salve, llena de gracia. ¿Y acaso nos admiraremos de que haya podido hallarse o de que se haya podido formar tal y tan gran Acueducto, cuya cumbre, al modo de aquella escala que vio el patriarca Jacob, tocase en los  cielos; más aún, atravesando los mismos cielos, pudiese llegar hasta aquel vivísimo venero de las divinas aguas que están sobre los cielos? Admirábase  de ello Salomón, y como desconfiado de verlo realizado, decía: ¿Quién hallará una mujer fuerte? Cierto, por eso faltaron durante tanto tiempo al género humano las corrientes de la gracia, porque todavía no se hallaba interpuesto este deseable Acueducto... ”

 

“Hijos míos, ella es la escala de los pecadores, ella el gran motivo de mi confianza, ella el fundamento inconmovible de mi esperanza. ¿Puede, acaso, el Hijo rechazar o ser rechazado? ¿Será capaz de no atender ni ser atendido? En absoluto. Has hallado gracia delante de Dios, dice el ángel. Felizmente. Ella siempre hallará gracia; y lo único que nosotros necesitamos es gracia.

 

Esta Virgen prudente no busca sabiduría como Salomón, ni riquezas, ni honor, ni grandezas, sino gracia. Y nuestra salvación depende exclusivamente de la gracia. Hermanos, ¿para qué codiciar otras cosas? Busquemos la gracia y busquémosla por María, porque ella encuentra siempre lo que busca y jamás decepciona.

 

Busquemos la gracia, pero la gracia de Dios; pues el favor de los hombres es falaz. Que otros se dediquen a acumular méritos: nuestro afán sea hallar gracia. ¿No estamos aquí por pura gracia? Por la misericordia del Señor no estamos aniquilados. ¿Qué somos nosotros? Somos apóstatas, homicidas, adúlteros, ladrones y la basura del mundo. Más entrad dentro de vosotros, hermanos, y ved como donde proliferó el pecado sobreabundó la gracia. María no presenta títulos: busca solamente gracia. Tanto se fía de la gracia, sin presumir de sí misma, que se intimida ante el saludo del ángel”.

 

San Bernardo concluye este escrito con estas admirables palabras:

 

“Pero todo lo que pienses ofrecer no olvides encomendarlo a María, para que la gracia vuelva al dador de la gracia por el mismo cauce por donde fluyó. Dios sin   duda alguna, pudo haber derramado esta gracia sin valerse de este acueducto; pero quiso ofrecerte este conducto. Acaso tienes las manos llenas aún de sangre o manchadas de dádivas y sobornos. Esa pequeñez que quieres ofrecer procura depositarla en esas  manos tan divinas y tan dignas de todo aprecio, y no serás rechazado. Son dos azucenas hermosísimas; y el enamorado de las azucenas no se quejará de no haber hallado como entre azucenas todo lo que encuentre en las manos de María”.

 

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“LAS GRANDEZAS DE MARÍA”[2]

Párrafos escogidos:

 

“Dichosa fue en todo María, a quien ni faltó la humildad, ni dejó de adornarla la virginidad. Singular virginidad, que no violó, sino que honró la fecundidad; ilustrísima humildad, que no disminuyó sino que engrandeció su fecunda virginidad; incomparable fecundidad, a la que acompañan juntas la virginidad y humildad”.

 

“Qué maravillas que Dios, a quien leemos y vemos admirable en sus Santos, se haya mostrado más maravilloso en su Madre?”.

 

“Por eso quiso que fuese Virgen, para tener una Madre Purísima, él que es infinitamente puro y venía a limpiar las manchas de todos quiso que fuese humilde para tener una Madre tal, él que es manso y humilde de corazón, a fin de mostrarnos en sí mismo el necesario y saludable ejemplo de todas estas virtudes. Quiso que fuese Madre el mismo Señor que la había inspirado el voto de virginidad y la había enriquecido antes igualmente con el mérito de la humildad”.

 

“Oh Virgen admirable y dignísima de todo honor. ¡Oh mujer singularmente venerable, admirable entre todas las mujeres que trajo la restauración a sus padres y la vida a sus descendientes!”.

 

“Y fue enviado, dice, el ángel Gabriel a una Virgen, Virgen en el cuerpo, Virgen en el alma, Virgen en la profesión, Virgen como la que describe el Apóstol, santa en el alma y en el cuerpo, no hallada nuevamente o sin especial providencia sino escogida desde la Eternidad, conocida en la presencia del Altísimo y preparada para sí mismo, guardada por los Ángeles, designada por los antiguos Padres, prometida por los profetas”.

 

“¿Qué pronosticaba en otro tiempo aquella zarza de Moisés, echando llamas pero sin consumirse sino a María dando a luz sin sentir dolor? ¿Qué anunciaba aquella vara de Aarón que floreció estando seca, sino a la misma concibiendo pero sin obra de varón alguno? El mayor misterio de este gran milagro lo explica Isaías diciendo: Saldrá una vara de la raíz de Jesé y de su raíz subirá una flor extendiendo en la vara a la Virgen y en la flor a su hijo divino el Redentor”.

 

“Si ella te tiene de su mano no caerás, si te protege, nada tendrás que temer, no te fatigarás si es tu guía, llegarás felizmente al puerto, si ella te ampara, y así en ti mismo experimentarás con cuanta razón se dijo: El nombre de la Virgen era María”.

 

“En los peligros, en las angustias, en las dudas, acuérdate de María, invoca a María”.

 

“Suele llamarse bendito al hombre, bendito al pan, bendita la mujer, bendita la tierra y las demás cosas, pero singularmente es bendito el fruto de tu vientre, porque es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos”.

 

“¿En dónde habías leído, Virgen devota, que la sabiduría de la carne es muerte, y no queráis contentar vuestra sensualidad satisfaciendo a sus deseos? ¿En dónde habías leído de la vírgenes, que cantan un nuevo cántico que ningún otro puede cantar y que siguen al Cordero a donde quiera que vaya? ¿En dónde habías leído que son alabados los que hicieron continentes por el reino de Dios? ¿En dónde habías leído: aunque vivimos en la carne, nuestra conducta no es carnal? Y aquel que casa a su hija hace bien y aquél que no la casa hace mejor. ¿Dónde habías oído: Quisiera que todos vosotros permanecierais en el estado en que yo me hallo, y bueno es para el hombre si así permaneciere como yo le aconsejo?”.

 

“Quitad a María, estrella del mar, de ese mar vasto y proceloso, ¿qué quedará, sino oscuridad que todo lo ofusque, sombras de muerte y densísimas tinieblas?”.

 

“Con todo lo más íntimo, pues de nuestra alma, con todos los afectos de nuestro corazón y con todos los sentimientos y deseos de nuestra voluntad veneramos a María, porque esta es la voluntad de aquel Señor que quiso que todo lo recibiéramos por María. Esta es repito, su voluntad, pero para bien nuestro”.

 

“Resplandeciente día es sin duda, la que se elevó cual aurora naciente, hermosa como la luna, escogida como el sol”.

 

“Pero sea lo que fuere aquello que dispones ofrecer, acuérdate de encomendarlo a María, para que vuelva la gracia al Dador de la misma, por el mismo cauce por donde corrió. No le faltaba a Dios ciertamente, poder para infundirnos la gracia sin valerse de este Acueducto, si El hubiera querido, pero quiso proveerte de ella por este conducto. Acaso tus manos están aún llenas de sangre, o manchadas con dádivas sobornadoras, porque todavía no las tienes lavadas de toda mancha. Por eso aquello poco que deseas ofrecer procura depositarlo en aquellas manos de María, grandiosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor y no sea desechado”.

 

“Necesitando como necesitamos un mediador cerca de este Mediador, nadie puede desempeñar tan provechosamente este oficio como María”.

 

“Aquella fue instrumento de la seducción, esta de propiciación: aquella sugirió la prevaricación, esta introdujo la redención”.

 

“¡Oh, Señora! Cuán familiar de Dios habéis llegado a ser. ¡Cuán allegada, mejor dicho, cuán íntima suya merecisteis ser hecha! ¡Cuánta gracia hallasteis a sus ojos. En vos está y vos en El: a El le vestís y sois vestida por El. Le vestís con la sustancia de vuestra carne y El os viste con la gloria de su majestad. Vestís al sol con una nube, y sois vestida vos misma de un sol. Porque; como dice Jeremías, un nuevo prodigio ha obrado el Señor sobre la Tierra y es que una mujer virgen encierre dentro de sí al hombre de Dios, que no es otro que Cristo, de quien se dice: He aquí un varón cuyo nombre es Oriente. Y otro prodigio semejante ha obrado Dios en el cielo, y es, que apareciese allí un mujer vestida de sol: Ella le coronó y mereció ser coronada por El.

Salid, hijas de Sión y ved al Rey Salomón con la diadema con que le coronó su Madre, contemplad a la dulce Reina del cielo adornada con la diadema con que la coronó su Hijo”.

 

“En todo el contexto de los cuatro Evangelios, no se oye hablar a María más que cuatro veces. La primera con el Ángel, pero cuando ya una y dos veces le había hablado él: la segunda Isabel cuando la voz de su salutación hizo saltar a Juan de gozo y tomando ocasión de las alabanzas que su prima le dirigía, se apresuró a magnificar al Señor: la tercera con su Hijo siendo éste ya de doce años, manifestándole como ella y su padre llenos de dolor le habían buscado: la cuarta en las bodas de Caná, primero con Jesús y después con los que servían a la mesa.

Y en esta ocasión fue cuando brilló de una manera más especial su ingénita mansedumbre y modestia virginal, puesto que tomando como propio el apuro en que iban a verse los esposos no le sufrió el corazón permanecer silenciosa, manifestando a su Hijo la falta de vino; y al ver que Jesús al parecer no atendía a su súplica, como mansa y humilde de corazón no le respondió palabra, sino que se limitó a recomendar a los ministros que hiciesen lo que El les dijese, esperando en que no saldría fallida su confianza”.

 

“¡Cuántas veces oyó María a su Hijo no solo hablando en parábolas a las turbas, sino descubriendo aparte a sus discípulos el misterio del reino de Dios! ¡Vióle haciendo prodigios, vióle pendiente de la Cruz, vióle expirando, vióle cuando resucitó, vióle, en fin, ascendiendo a los Cielos, y en todas estas circunstancias ¿cuántas veces se menciona haber sido oída la voz de esta pudorosísima Virgen, cuántas el arrullo de esta castísima y mansísima Tórtola?”.

 

“María siendo la mayor de todas y en todo, se humilló en todo y más que todos. Con razón, pues, fue constituida la primera de todos, la que siendo en realidad la más excelsa, escogía para sí el último lugar. Con razón fue hecha Señora de todos, la que se portaba como sierva de todos. Con razón, en fin, fue ensalzada sobre todos los coros de los coros de los Ángeles, la que con inefable mansedumbre se abatía a sí misma debajo de las viudas y penitentes, y aún debajo de aquella de quien había sido lanzados siete demonios. Ruegoos, fieles amadísimos, que os prendéis de esta virtud si amáis de veras a María: si anheláis agradarla, imitad su modestia y humildad. Nada hay que tan bien sienta al hombre, nada tan necesario al cristiano, nada que tanto realce al religioso como la verdadera humildad y mansedumbre”.

 

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3.    BEATO TOMÁS DE KEMPIS [3]

LA IMITACIÓN DE MARÍA”

Párrafos escogidos:

 

“Escuche ahora el piadoso enamorado de tu santo nombre. El cielo se alboroza, llénase de asombro la tierra, cuando digo: Ave María.

Satanás huye, tiembla el infierno, cuando digo: Ave María.

El mundo aparece ruin, la carne se marchita, cuando digo: Ave María

Se desvanece la tristeza, reaparece el gozo, cuando digo: Ave María.

Se disipa la pereza, el corazón se derrite de amor, cuando digo: Ave María

Acreciéntase la devoción, estalla la compunción, se reanima la esperanza, aumenta el consuelo, cuando digo: Ave María.

El espíritu se recrea y el ruin afecto se enriquece, cuando digo: Ave María”.

 

“La salutación angélica fue compuesta bajo la inspiración del Espíritu Santo, y es adecuada a tu grandísima dignidad y santidad.

Esta oración es en palabras, corta; en misterios, sublime; en el dictado, breve; en eficacia, prolija; dulce más que la miel; preciosa más que el oro”.

 

“Esta es, en verdad, según que atestiguan las Santas Escrituras, la prudentísima Virgen de todas las vírgenes, la más recatada de todas las mujeres, la más hermosa de todas las doncellas, la más honesta de todas las matronas, la más agraciada de todas las dueñas, la más noble reina de todas las reinas”.

 

“¡Oh prole de veras ilustre, noblemente engendrada de la insigne prosapia de los Patriarcas, generosamente producida de raza sacerdotal, dignísimamente derivada de dignidad pontifical, verísimamente anunciada por el coro de profetas, ilustrísimamente salida de estirpe real, rectísimamente originada de la línea de David, clarísimamente desgajada de la nobilísima tribu de Judá, felicísimamente engendrada de la plebe de Israel, singularmente elegida de en medio del elegido pueblo de Dios, por ordenación divina serenísimamente nacida a la luz del mundo de padres santos, religiosos y agradables a Dios!”.

 

“Porque en virginidad eres candidísima; en humildad, profundísima; en caridad, fervorosísima; en paciencia, mansísima; en misericordia, copiosísima; en la oración, devotísima; en la meditación, purísima; en la contemplación, altísima; en compasión, suavísima; en consejo, prudentísima; en socorrer, poderosísima.

 

Tú eres la casa de Dios, la puerta del cielo, el paraíso de delicias, pozo de gracias, gloria de los ángeles, alegría de los humanos, modelo de costumbres, esplendor de virtudes, lumbrera de vida, esperanza de los menesterosos, salud de los enfermos, madre de los huérfanos.

¡Oh virgen de las vírgenes, toda suavidad y hermosura, brillante como estrella, encarnada como rosa, resplandeciente como perla, luminosa como el sol y la luna en el cielo y en la tierra!

¡Oh Virgen apacible, inocente como corderita, sencilla como la paloma, prudente como noble matrona, servicial como humilde esclava!

 

¡Oh raíz santa, cedro altísimo, vid fecunda, higuera dulcísima, palma jocundísima! En ti se hallan reunidos todos los bienes, y por ti se dan a nosotros los galardones eternos”.

 

“¡Oh clementísima Virgen María, Madre de Dios, Reina del cielo, Señora del mundo, júbilo de los santos, consuelo de los pecadores! Atiende los gemidos de los arrepentidos; calma los deseos de los devotos; socorre las necesidades de los enfermos; conforta los corazones de los atribulados; asiste a los agonizantes; protege contra los ataques de los demonios a tus siervos que te imploran; guía a los que te aman al premio de la eterna bienaventuranza, en donde con tu amantísimo hijo Jesucristo reinas felizmente por toda la eternidad. Amén”.

 

“El amor a Santa María apaga todos los ardores de la concupiscencia carnal y fomenta la castidad.

El amor a Santa María ayuda a menospreciar al mundo y servir a Cristo en la humildad.

El amor a Santa María preserva de toda mala compañía y prepara para la pureza de la vida religiosa.

Ama, pues, a Santa María, y percibirás gracia espiritual.

Invoca a María, y alcanzarás victoria.

Honra a María, y obtendrás perpetua misericordia”.

 

“Feliz el devoto aquel que, despreciando todos los solaces del mundo, escogió a nuestra Señora Santa María que como Madre le consolará y como guardiana le protegerá durante toda su vida”.

 

“Si deseas ser consolado en las tribulaciones, acércate a María, Madre de Jesús, que está al pie de la cruz llorando y gimiendo. Y todos tus desasosiegos o se desvanecerán pronto o se te harán leves”.

 

“Ahora bien, ¿qué hay que pedir a María? En primer lugar, pídele el perdón de tus pecados. Luego, la virtud de la continencia, y el don de la humildad tan grato a Dios”.

 

“Duélete al ver que todavía estás tan lejos de las verdaderas virtudes: de la profunda humildad, de la santa pobreza, de la perfecta obediencia, de la purísima castidad, de la devotísima oración, de la fervorosísima caridad, virtudes todas ellas que en sumo grado adornaron a María, Madre de Jesús”.

 

“Cualquier cosa que desees, pídela humildemente por mediación a María, puesto que, gracias a sus gloriosos méritos, son auxiliados los que se encuentran en el purgatorio y en la tierra”.

 

“¿Quieres hacer lo que agrada a la Virgen? Sé humilde, paciente, sobrio, casto, modesto, manso, recogido, devoto de alma.

 

No salgas con frecuencia. Lee, escribe, ora a menudo. No te parezca ni prolijo ni pesado el servir a María.

 

Servir con el corazón y los labios a tal Señora, es cosa deleitable y que no puede menos que regocijar.

 

No quedará, en efecto, sin notable recompensa todo lo que se haya hecho, por poco que sea, en su honor.

 

Madre humilde, no menosprecia los pequeños obsequios. Virgen piadosa, acepta con gusto lo poco que se le ofrece, a condición de que se haga devota y espontáneamente.

 

Sabe de sobra que no podemos dar grandes cosas, y, como Señora misericordiosa y Reina apacible que es, no exige imposibles de sus siervos.

 

Aquella noble naturaleza, por quien vino la misericordia a todo el universo, no puede menos que compadecerse de los indigentes.

 

¿Cómo no ha de acoger graciosamente a sus fieles servidores, la que tan a menudo con sus avisos y patentes milagros convierte a los que viven miserablemente en el mundo?

 

¿Cuántos no se hubieran condenado por toda la eternidad, o se hubieran atascado obstinadamente en la desesperación, de no haber la benignísima Virgen María intercedido por ellos ante su Hijo?

Con sobrada justicia se dice de ella que es la misericordia de los miserables y el recurso de todos los pecadores.

 

No busca nada de lo que tenemos, ni necesita para nada de lo nuestro, cuando en el cielo todos se afanan en satisfacer sus deseos.

 

Si exige de nosotros que la sirvamos, es porque busca nuestro bien. Si pide que la alabemos, es porque desea nuestra salvación.

 

Y cuando ve que festejamos la memoria de su nombre, esto le sirve de pretexto para colmarnos de beneficios. Deléitase, en efecto, en corresponder a sus servidores.

 

Es muy fiel en las promesas, y generosa en los favores.

 

Está colmada de delicias, y los ángeles la alegran con incesante concierto. Esto no obstante, se goza en los homenajes de los hombres, porque ello redunda en mayor gloria a Dios y salvación de muchos.

 

Se ablanda con las lágrimas de los miserables; se apena con los dolores de los atribulados; corre en auxilio al ver los peligros de los tentados; se inclina a las preces de los devotos.

 

El que con pie firme y corazón humillado recurra a ella e invoque su santo y glorioso nombre, no volverá con las manos vacías.

 

Son muchísimos los que están a su lado; los mismos coros de ángeles esperan sus órdenes; y ella a todos puede mandarlos para aliviar a los desvalidos. Conmina a los demonios a que no se atrevan a molestar al que se ha sometido a su señorío y cuidado”.

 

“Por su singular reverencia es atendida al instante en toda causa que se le confíe. Su benigno Hijo Jesús, autor de la salvación del género humano, la honra en efecto no negándole nada. De modo que todo fiel y devoto que desee escapar de los naufragios del mundo y arribar al puerto de la eterna salvación, acuda a nuestra Señora Santa María”.

 

“Por tanto, si deseas alabar dignamente a la bienaventurada Virgen y venerarla con todo ahínco, procura ser como los sencillos hijos de Dios, sin malicia, sin doblez, sin engaño, sin enojo, sin discordia, sin murmuración ni recelo”.

 

“No hay lugar más seguro para esconderse que el regazo de María; ni caballo más veloz para escapar de la mano del perseguidor, que la oración de la fe dirigida al alcázar de la real Dueña nuestra, Santa María”.

 

“Procura asirla, y ya no la sueltes, hasta que te bendiga, y te acompañe bojo su égida feliz al palacio celestial. Amén”.

 

“Tú eres el ornato del cielo de los cielos. Tú eres el gozo y júbilo de todos los santos. Tú eres el dorado reclinatorio del Santo de los Santos. Tú el alborozo y expectación de los Padres antiguos”.

 

“No quiero, pues, pues llamar madre a nadie sobre la tierra; rehusó tener otra fuera de ti, Madre de Dios, y solamente a ti.

 

No hay otra semejante a ti en virtud y encanto, en caridad y mansedumbre, en piedad y dulzura, en fidelidad y consuelo maternal, en misericordia y piedades sin número.

 

En este día te elijo y reservo. En este día me entrego con toda confianza a ti, y solo deseo que confirmes este mi propósito para toda la eternidad”.

 

“Te ruego, además, oh María, gloriosísima Madre de Dios, que desde esta hora hasta el momento de la muerte no te canses de mirarme con rostro propicio y sereno y con dulcísimo corazón.

 

A cualquier sitio que me dirija, extiende maternalmente sobre mí tus santísimos brazos.

 

Y cuando se acerque mi último día, que no sé cuándo será, y la tremenda hora de la muerte, de la que no puedo escapar, oh clementísima Señora mía, que eres especial confianza en todos los apuros, pero en particular en la hora de la muerte, acuérdate de mí y asísteme en los últimos momentos de mi vida, consolando mi alma temblorosa. Ampárala contra los espantosos e inmundos espíritus, para que no se atrevan a acercarse.

 

Dígnate visitarla con tu graciosa presencia, acompañada de los ángeles y santos”.

 

“Acepta, pues, la plegaria que yo, siervo tuyo, ahora elevo a ti; y mírame misericordiosísimamente, Madre de Jesús, Virgen María amada más que nadie, y acuérdate siempre de mí”.

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4.    SAN CAYETANO [4]

CARTA DIRIGIDA A ELIZABETH PORTO

Pasaje selecto:

 

“Hija mía, el bien que deseo para mí lo pido también para ti; más para conseguirlo no hay otro camino que rogar con frecuencia a la Virgen María, para que te visite con su excelso Hijo; más aún, que te atrevas a pedirle que te dé a su Hijo, que es el verdadero alimento del alma en el santísimo sacramento del altar. Ella te lo dará de buena gana, y él vendrá a ti; de más buena gana aún, para fortalecerte, a fin de que puedas caminar segura por esta oscura selva, en la que hay muchos enemigos que nos acechan, pero que se mantienen a distancia si nos ven protegidos con semejante ayuda”.

5.    LUDOVICO BLOSIO [5]

Párrafo escogido de sus escritos:

 

Ludovico Blosio, refiriéndose a la Virgen, le dedica estas líneas:

 

“Porque Ella es un dechado perfecto de pureza y santidad. Es un refugio singular de los pecadores. Es un castillo roquero donde se guarecen aquellos a quienes fatiga alguna tentación, alguna persecución o molestia. Ella es una poderosísima Reina del Cielo. Ella es liberalísima dispensadora de las gracias. Ella es Madre misericordiosísima de todos los fieles.

 

Es toda mansa, toda serena, toda benigna, no solamente para los justos y perfectos, sino también para los pecadores y para los que parece que están sin remedio. Cuando ve que de corazón acuden a Ella, los ayuda inmediatamente, los recibe y recoge, y con una confianza al fin de Madre, los vuelve a ser amigos del Juez justo.

 

A ninguno desprecia, a ninguno se niega. A todos consuela. A todos abre su piadoso pecho. Apenas es llamada, cuando acude. Con su bondad y su dulzura natural atrae suavemente al servicio de Dios incluso a los que casi no la conocen, y los mueve poderosamente, para que por aquel camino se dispongan a recibir la gracia divina y, finalmente, hagan actos para el Reino de los Cielos.

 

Tal la hizo Dios y tal nos la dieron, para que nadie se espante de Ella, nadie huya de Ella y nadie tema acudir a Ella. No es posible que se condene el que es solícito y humilde servidor de la Gloriosísima Virgen María. Pues tú ten especial familiaridad con Ella”.

 

“Ama puramente a la dulcísima Virgen María, Madre de Jesucristo, reverénciala y pídele favor con gran cuidado; la cual no solamente es consoladora y abogada benignísima de los perfectos, sino también de los imperfectos y pecadores. Porque esta Señora a ninguno desecha, a todos oye. A los pecadores, que con devoción y humildad acuden a ella, los recibe, recoge y ampara blanda y suavemente, y con una confianza de Madre los reconcilia con su Hijo. Antes faltará el cielo y la tierra, que falte su ayuda a cualquiera que de veras le pide favor. Da gracias a Dios, que te la dio por Madre, amparadora y ayudadora”.

 

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6.    SAN FRANCISCO DE SALES

“EL TRATADO DEL AMOR DE DIOS”[6]

Párrafos escogidos:

 

“Ella es la Hija del amor incomparable, la única paloma, la Esposa por excelencia, la toda perfecta (Ct. 6,8). Sobre esta Reina celestial  yo pronuncio con todo mi corazón este amoroso y verdadero pensamiento: Que, al menos, al fin de su vida mortal, su caridad superaba la de los serafines; porque si muchas son las hijas que han acumulado riquezas, Ella las ha superado a todas (Pr 31,29). Los santos y los ángeles son únicamente comparados con  las estrellas, y el primero de todos, a la más hermosa de ellas (1Co 15,41: Is 14, 12). Mas esta es hermosa como la luna, escogida y distinguida entre todos los santos, como el sol entre las estrellas (Ct 6,10). Y pasando más adelante, creo además que así como la caridad de esta Madre de amor excede en perfección a la de todos los santos del cielo, así la practicó más excelentemente que ellos, aun en esta vida mortal. Ella no pecó jamás venialmente, como entiende la Iglesia[7]; ni tuvo ni dificultad ni estorbo alguno en el progreso de su amor: antes subió de amor en amor en un continuo adelantamiento”.

 

“La virginidad de su corazón y su cuerpo fue más digna y más gloriosa que de los ángeles; y así, su espíritu, no dividido ni repartido, como dice San Pablo, estaba todo ocupado en pensar en las cosas divinas y en como agradar a Dios (1 Co 7, 32-34). Y, en fin, el amor maternal, el más solícito, el más activo y el más ardiente de todos, amor infatigable e insaciable”.

 

“Verdaderamente esta Mujer es la Madre del Amor hermoso (Si 24,24), Madre la más amable por ser la más amante; la más amante por ser la más amada de su único Hijo, el más amable, el más amante, el más amado Hijo de esta única Madre”.

 

SOBRE SU DICHOSA MUERTE

 

“Pues si esta Madre vivió de la vida de su Hijo, Ella murió también de la muerte de su Hijo; porque cual es la vida, tal es la muerte. El fénix cuando ha llegado a una extrema vejez, reúne un gran montón de maderas aromáticas en lo alto de un monte, y sobre ellas, como sobre un lecho de honor decídese a terminar sus días. Porque cuando el sol en pleno mediodía lanza sus más ardientes rayos, esta ave singular y maravillosa,  para contribuir con su acción al ardor del sol, no cesa de agitar y batir sus alas sobre su pila de leña, hasta hacerla prender fuego. Y abrasándose en él, se consume y muere entre las olorosas llamas.

 

De igual modo, oh Teótimo, la Virgen Madre habiendo reunido en su espíritu, por una viva y continua memoria, todos los más dulces misterios de la vida y muerte de su Hijo, y recibiendo directamente sobre Ella las más ardientes inspiraciones que su Hijo, cual Sol de justicia lanza sobre los humanos en la plenitud del mediodía,  su ardiente caridad, y haciendo después por su parte un continuo movimiento de contemplación, al fin, el fuego sagrado del amor divino la consumió toda, como un holocausto de suavidad; de suerte que murió de ese modo, siendo su alma toda arrebatada y transportada entre los brazos del amor de su Hijo. Oh muerte que da la vida, oh amor de vida que da la muerte”.

 

“De esta manera, la muerte de la Virgen fue dulce sobremanera y mucho más de cuanto podemos imaginar, atrayéndola su Hijo suavemente al olor de sus aromas

(Ct 1, 3) y dejándose Ella llevar con placidez divina tras la sagrada fragancia de ellos al seno de la bondad de su Hijo.

 

Y aunque esta santa alma amase extremadamente su santísimo, purísimo y amabilísimo cuerpo, no obstante le dejó sin pena ni resistencia alguna; así como la casta Judit, aunque amaba grandemente los hábitos de penitencia y viudez que vestía, dejólos, sin embargo, y se despojó de ellos con gusto para vestirse los hábitos nupciales, cuando se dirigió a triunfar de Helofernes (Jdt 10, 2-3); o como Jonatán, cuando por el amor de David se despojó de sus vestiduras (1 S 18, 4).

 

El amor había dado al pie de la cruz a esta divina Esposa los supremos dolores de la muerte; y así era razonable que, al fin, la muerte le diese las soberanas delicias del amor”.


 

  índice

“DE SU EPISTOLARIO

Párrafos selectos:

 

“¿Cuándo será que Nuestra Señora nazca en nuestro corazón?”.

“La modestia es guardiana de la castidad, por eso se aplican a la Santísima Virgen las palabras del Cantar de los Cantares y se la llama Lirio de los valles. Lirio por su pureza; de los valles, por su humildad”.

“Ayer tarde me di clara cuenta de la dicha de ser hijo, aunque indigno de nuestra gloriosa Madre, estrella del mar, hermosa como la Luna deslumbrante como el sol”.

“Emprendamos grandes cosas bajo los auspicios de esta Madre, pues si le dedicamos tiernamente nuestro amor, no hay miedo de que deje de escuchar nuestras súplicas”.

7.    SAN JUAN BERCHMANS

“MANERA DE RECITAR EL AVE MARÍA

San Juan Berchmans compuso este opúsculo[8] sobre el Ave María, siguiendo el método de San Ignacio:

 

I: DIOS TE SALVE, MARÍA

 

En primer lugar, venera a María cuyo nombre significa: 1.° Estrella del mar; semejante a la estrella polar (que dirige a los marineros por el Océano), María, si tu elevas tu mirada hacia ella, dirigirá tu embarcación a través de los peligros de esta vida al puerto de la vida eterna; 2.° Iluminadora; semejante a un sol, te ilumina por el resplandor de sus virtudes para enseñarte a hacer el bien; 3.° Soberana cuyo poder es inmenso en el seno de la corte celeste.

 

En segundo lugar, enciende en ti la pena 1.° de no seguir, pobre náufrago en este mar sembrado de escollos, la dirección que te indica este astro resplandeciente; 2.° de no desear, pobre ciego sumergido en las tinieblas de la ignorancia, los rayos de esta celestial fuente de luz; 3.° de no ambicionar, pobre indigente, la altísima protección de esta soberana que puede, sabe y quiere socorrerte.

 

En tercer lugar, espera de esta Estrella del mar una navegación feliz hasta el puerto de la salvación; de esta Iluminadora luz requerida para conocer a Dios y conocerte a ti mismo; de esta soberana el socorro para abatir a tus enemigos.

 

En cuarto lugar, da gracias a Dios y a la Santísima Virgen por todos los beneficios contenidos en el nombre de María.

 

En quinto lugar, pide a Dios que quiera que te dejes conducir por esta Estrella, iluminar por esta Iluminadora del mundo, gobernar por esta Soberana del Universo.

 

II: LLENA ERES DE GRACIA

 

En primer lugar, venera a la Santísima Virgen y la plenitud de la gracia divina que reside en ella. Su inteligencia esta llena de las luces de la Fe, su voluntad de los ardores del amor, su memoria del recuerdo de los beneficios divinos; las facultades concupiscibles de su alma están llenas de templanza, las irascibles del reposo más tranquilo, sus ojos de una simplicidad de paloma, sus oídos de atención a la voz del cielo, su lengua de moderación en las palabras, su gusto de sobriedad, su tacto de pudor, sus pies de santa diligencia, sus manos de buenas obras, su vida entera de ejemplos de virtud, todo en una palabra de las virtudes y dones del Espíritu Santo.

 

En segundo lugar, ten pena de tu pobreza, tú que rechazas la gracia o la dejas inactiva en tu corazón, por eso estás lleno de desgracias y vacío de gracias.

 

En tercer lugar, espera por las oraciones de María la plenitud de la gracia que conviene a tu estado.

 

En cuarto lugar, da gracias a Dios que ha colocado a María en la Iglesia como vaso lleno de celestial rocío donde todos pueden ir a beber la gracia.

 

En quinto lugar, pide a la Santísima Virgen una gota de este rocío celestial que te hace, por la recepción de la Gracia, agradable a Dios, amigo de su corazón, inquebrantable en el bien y cada día más rico en los dones de lo alto.

 

III: EL SEÑOR ES CONTIGO

 

En primer lugar, venera a la Santísima Virgen porque ella está unida en lo más íntimo con Dios: 1.° en cuerpo, en la Encarnación; 2.° en el espíritu, por las luces de su inteligencia que le confieren el privilegio de conocer las cosas divinas; 3.° de voluntad, por su perfecta conformidad a la voluntad de Dios.

 

En segundo lugar, lamenta que no se pueda decir otro tanto de ti, bien porque, arrojado de tu corazón por el pecado mortal, el Señor no ha estado siempre contigo, bien -si no has cometido nunca pecado mortal- porque, aun actuando con la ayuda de su gracia, no has prestado nunca atención a la presencia del Señor.

 

En tercer lugar, espera de la bienaventurada Virgen María, tan próxima a Dios, una íntima unión con Él.

 

En cuarto lugar, da gracias a la Santísima Virgen por haber atraído hacia nosotros a este Dios del que estamos infinitamente alejados.

 

En quinto lugar, pídele que te una a Dios con la unión más estrecha; sobre todo por medio de la fiel sumisión a su adorable voluntad.

 

IV: BENDITA ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES

 

En primer lugar, venera a la Santísima Virgen bendita entre todas; 1.° en los santos pensamientos de su corazón; 2.° en las piadosas palabras de su boca; 3.° en la perfección de sus obras, todas conformes a las prescripciones de la ley divina; 4.° en la humildad de su espíritu; 5.° en su alumbramiento del divino Redentor, que ha hecho fluir sobre el género humano toda suerte de bendiciones. Por estas bendiciones divinas han sido anuladas las maldiciones que Eva, nuestra madre, había atraído sobre nosotros: 1.° por su prevaricación premeditada; 2.° por su conversación con el demonio; 3.° por sus obras contrarias a la ley de Dios; 4.° por su orgullosa resistencia a la orden de Dios; 5.° por la triste herencia del pecado transmitida a su posteridad.

 

En segundo lugar, aflígete por las maldiciones en las que has nacido: 1.° Maldiciones para el Espíritu: una inteligencia ciega, una voluntad pervertida, apetitos desenfrenados, sentidos inclinados al mal. 2.° Maldiciones para el cuerpo: enfermedades, miseria, muerte.

 

En tercer lugar, espera obtener de Dios toda bendición por intercesión de la Santísima Virgen.

 

En cuarto lugar, da gracias a Dios por las numerosas bendiciones que fluyen de El sobre nosotros por medio de la Santísima Virgen como la sangre fluye desde la cabeza por las arterias del cuello a todo el conjunto de tu cuerpo.

 

En quinto lugar pide a la Santísima Virgen que en el día del juicio, en compañía de los Elegidos, merezcas oír de la boca de su Hijo: «Venid benditos de mi Padre» (Mt 23, 34).

 

V: Y BENDITO ES EL VIENTRE, JESÚS

 

En primer lugar, venera a la Santísima Virgen que es el árbol de la vida cuyo fruto no es otro que Jesús, nuestra vida.

 

En segundo lugar, aflígete por saber que este dulcísimo fruto no es lo bastante dulce para el gusto de tu alma y que los placeres de la tierra son más dulces que este néctar de los cielos.

 

En tercer lugar, espera, por intercesión de la Santísima Virgen, la fecundidad de tu alma y espera del fruto bendito de sus entrañas los frutos de la vida eterna.

 

En cuarto lugar, da gracias a la Santísima Virgen, tierra de promisión, donde fluyen la leche y la miel, por habernos producido este fruto de salvación.

 

En quinto lugar, pídele la abundancia de los frutos espirituales y una fecundidad mucho más grande.

 

VI: SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

 

En primer lugar, venera en la Santísima Virgen esta alta dignidad de la maternidad divina.

 

En segundo lugar aflígete y avergüénzate de tu bajeza en presencia de esta reina suprema.

 

En tercer lugar, espera que la Santísima Virgen, después de haber hecho de Dios tu hermano, te recibirá como su hijo.

 

En cuarto lugar, da gracias a la Santísima Virgen por haberte dado un Redentor y haber permitido a Dios, por su consentimiento, elevar una personalidad humana a la dignidad casi infinita de ser madre de Dios.

 

En quinto lugar, pide a la Santísima Virgen que haciéndote sumiso a la voluntad divina de algún modo te haga madre de tu Dios, según esta palabra del Señor: «Quienquiera que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre». (Mt 12, 50).

 

VII: RUEGA  POR  NOSOTROS   PECADORES   AHORA  Y  EN   LA   HORA  DE NUESTRA MUERTE

 

En primer lugar, venera a la Santísima Virgen en tanto que ella es: 1.° nuestra patrona; 2.° la mediadora entre Dios y los hombres; 3.° el poder de abogada que nos obtiene los beneficios del Cielo.

 

En segundo lugar, aflígete de no obtener por tu culpa ni la ayuda ni el socorro de una Reina tan poderosa.

En tercer lugar, espera obtener de Dios todo lo que pidas por intercesión de la Santísima Virgen, interesada en tu causa.

 

En cuarto lugar, da gracias a la Santísima Virgen por la tierna solicitud con la que nos rodea.

 

En quinto lugar, pide a la Santísima Virgen: 1.° que tomen bajo su tutela a todo tipo de hombres, los eclesiásticos y los laicos, los vivos y los difuntos, tus padres, tus bienhechores, los que te persiguen y en fin quienes recurren a nuestras oraciones; 2.° que nos obtenga de Dios el perdón de nuestras faltas; 3.° que haga las voluntades de todos los hombres sumisas a la voluntad divina; 4.° que al término de nuestra vida se digne de hacernos gozar de su santa presencia. ¡Así sea!”

 

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8.    SAN LUIS MARÍA GRIGNIÓN DE MONTFORT

“EL SECRETO DE MARÍA SOBRE LA ESCLAVITUD MARIANA”

Párrafos escogidos:

 

“Alma predestinada, pongo en tus manos un secreto que me ha enseñado el Altísimo y que no he podido encontrar en libro alguno antiguo ni moderno. Te lo entrego con la ayuda del Espíritu Santo”.

 

“María ha recibido de Dios un dominio especial sobre los predestinados para alimentarlos y hacerlos crecer en Dios. San Agustín llega a decir que “en este mundo todos los predestinados se hallan encerrados en el seno de María y que no nacen definitivamente hasta que esta buena Madre los da a luz para la vida eterna”. Por consiguiente, así como un niño saca todo su alimento de la Madre, que se lo da proporcionado a su debilidad, del mismo modo, los predestinados sacan todo su alimento y fuerzas espirituales de María”.

 

“María es el molde maravilloso de Dios, hecho por el Espíritu Santo para formar a la perfección a un Hombre - Dios por la encarnación y para hacer al hombre partícipe de la naturaleza divina mediante la gracia. María es el molde en el cual no hace falta ni un solo rasgo de la divinidad. Quien se arroje en él y se deje moldear, recibirá allí todos los rasgos de Jesucristo, verdadero Dios”.

 

“Consagrarte así a Jesús por María es colocar en mano de la Santísima Virgen tus buenas acciones. Que por dignas que te parezcan, quedan siempre manchadas e indignas de que Dios las mire y acepte, ya que ante El no son puras ni las mismas estrellas[9].

 

¡Ah! Pidamos a nuestra bondadosa Madre y Señora que acepte nuestra humilde ofrenda, la purifique, santifique, perfeccione, embellezca y haga digna de Dios”.

 

“Viviendo nuestra consagración a María, aseguramos nuestras gracias, méritos y virtudes, constituyendo a María en depositaria nuestra y diciéndole: «Acepta, querida dueña mía, todo lo bueno que he podido hacer, con la gracia de tu amado Hijo. Soy incapaz de conservarlo, dadas mi debilidad e inconstancia y el gran número y malicia de los enemigos que me atacan día y noche.

 

Todos los días veo caer en el fango los cedros del Líbano y convertirse en aves nocturnas las águilas que volaban en torno al sol. Mil justos caen a mi izquierda, diez mil a mi derecha[10]…¡Conserva mis bienes, que no me saqueen! ¡Tenme, que no caiga! ¡Defiende a quien se ha consagrado a ti! Yo te conozco bien, y en ti confío[11]; eres la Virgen fiel a Dios y a los hombres, y no dejarás perder nada de cuanto se te confía; tú eres poderosa, y nadie podrá hacerte daño ni arrebatarte lo que posees”.

 

“María será el santuario donde encuentres a Dios por la oración, sin temor a que te rechacen; será la torre de David[12], que te defenderá de tus enemigos; la lámpara encendida, que iluminará tu espíritu y te inflamará en el amor de Dios; la recámara sagrada donde Dios[13] se te revele; finalmente, María será tu único todo ante Dios, tu recurso universal. Si oras, será en María; si recibes la sagrada eucaristía, la pondrás en María para que se complazca en ella. Hagas lo que hagas, será siempre en María, llegando así a liberarte del egoísmo”.

 

“Esta consagración, vivida con fidelidad, produce en el alma infinidad de efectos. Pero el principal es hacer que María viva de tal modo en ti que ya no vivas tú, sino María en ti[14], que el alma de María -por decirlo así- venga a ser tu propia alma”.

 

“María viene, finalmente, a ser indispensable para esta alma en sus relaciones con Jesucristo: Ella le ilumina el espíritu con su fe, le ensancha el corazón al infundirle su humildad, le dilata e inflama con su caridad, le purifica con su pureza, le ennoblece y engrandece con su maternidad”.

 

“Pero es de creer además que, al final de los tiempos -quizás más pronto de lo que se piensa-, Dios suscitará grandes hombres, llenos del Espíritu Santo y del espíritu de María. Hombres por medio de los cuales esta excelsa Soberana llevará a feliz término empresas maravillosas para destruir el pecado y establecer el reino de Jesucristo sobre el del mundo corrompido. Estos santos personajes alcanzarán un éxito total por medio de esta consagración a la Santísima Virgen, que solo describo a grandes rasgos, empequeñeciéndola con mis limitaciones”.


 

ORACIONES

 

“Dios te salve, María, Hija predilecta del Padre eterno; Dios te salve, María, Madre admirable del Hijo; Dios te salve, María, Esposa fidelísima del Espíritu Santo. Dios te salve María, Madre mía querida, mi amable Señora y poderosa Soberana. Dios te salve, mi gozo y mi corona, mi corazón y mi alma. Tú eres toda mía, por misericordia, y yo te pertenezco, por justicia. Pero aún no lo soy suficiente. Por ello me consagro hoy totalmente a ti en calidad de eterno esclavo, sin reservarme nada para mí ni para los demás.

Sí ves aún en mi algo que no sea tuyo, tómalo ahora mismo, hazte dueña absoluta de cuanto tengo; destruye, arranca, aniquila en mí cuanto desagrade a Dios; planta, levanta y realiza cuanto quieras.

 

Que la luz de tu fe disipe las tinieblas de mí espíritu. Que tu humildad profunda sustituya a mi orgullo. Que tu contemplación sublime encadene las distracciones de mi fantasía vagabunda. Que tu visión no interrumpida de Dios llene con su presencia mi memoria. Que el fuego de tu ardiente caridad incendie la tibieza y frialdad de mi corazón. Que tus virtudes ocupen el lugar de mis pecados y tus méritos sean ante Dios mi ornato y suplemento. En fin, muy querida y amada Madre mía, haz a ser posible que no tenga yo más espíritu que el tuyo, para conocer a Jesucristo y a su divina voluntad; que no tenga yo más alma que la tuya, para alabar y glorificar al Señor; que no tenga yo más corazón que el tuyo, para amar a Dios con amor puro y ardiente como el tuyo”.

 

CONCLUSIÓN

 

“Si el Espíritu Santo ha plantado en ti el verdadero árbol de la vida, o sea, la devoción a María que acabo de explicarte, tienes que poner el mayor empeño en cultivarlo para que de fruto oportuno”.

 

“Alma predestinada, te aseguro que, si cultivas así el árbol de la vida recién plantado en ti por el Espíritu Santo, en breve crecerá tanto que las aves del cielo vendrán a morar en él. Será tan perfecto que dará a su tiempo el fruto de honor y de gracia, el amable y adorable Jesús, que es y será siempre el único fruto de María”.

 

“¡Feliz el alma en quien ha sido plantado el árbol de la vida que es María! ¡Más feliz aquella en quien pueda crecer y florecer! ¡Más feliz aún aquella en quien puede dar fruto y lo conserva hasta la muerte y por los siglos de los siglos! Amén”.

 

Quien conozca esta doctrina, que la conserve con fidelidad.[15]

 


índice

“EL TRATADO DE LA VERDADERA DEVOCIÓN"[16]

Párrafos escogidos:

 

PREPARACIÓN DEL REINADO DE JESUCRISTO

 

[MARÍA EN EL DESIGNIO DE DIOS]

 

“Por medio de la Santísima Virgen vino Jesucristo al mundo, y por medio de Ella debe también reinar en el mundo”.

 

“La vida de María fue oculta. Por ello, el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater: Madre oculta y escondida. Su humildad fue tan profunda, que no hubo para Ella anhelo más firme y constante que el de ocultarse a sí misma y a todas las criaturas para ser conocida solamente de Dios”.

 

“María es la excelente obra maestra del Altísimo, quién se ha reservado a sí mismo el conocimiento y posesión de Ella. María es la Madre admirable del Hijo, quien tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su humildad, llamándola mujer, como si se tratara de una extraña, aunque su corazón la apreciaba y amaba más que a todos los ángeles y hombres. María es la fuente sellada[17], en la que solo puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es Ella. María es el santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo, sin exceptuar los querubines y serafines; a ninguna criatura, por pura que sea, se le permite entrar allí sin privilegio especial”.

 

“Es, por tanto, justo y necesario repetir con los santos: DE MARÍA NUNQUAM SATIS. María no ha sido aún alabada, ensalzada, honrada y servida como debe serlo. Merece aún mejores alabanzas, respeto, amor y servicio”.

 

“El corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular para demostrar que la excelsa María ha permanecido hasta ahora desconocida y que esta es una de las razones de que Jesucristo no sea todavía conocido como debe serlo. De suerte que, si el conocimiento y reinado de Jesucristo han de dilatarse en el mundo -como ciertamente sucederá-, esto acontecerá como consecuencia necesaria del conocimiento y reinado de la Santísima Virgen, quien lo trajo al mundo la primera vez y lo hará resplandecer la segunda”.

 

“Si examinamos de cerca el resto de la vida de Jesucristo, veremos que ha querido inaugurar sus milagros por medio de María. Mediante la palabra de María santificó a San Juan en el seno de Santa Isabel, su madre[18]; habló María, y Juan quedó santificado.

Este fue su primer y mayor milagro en el orden de la gracia. Ante la humilde plegaria de María, convirtió el agua en vino en las bodas de Caná[19]. Era su primer milagro en el orden de la naturaleza. Comenzó y continuó sus milagros por medio de María, y por medio de Ella los seguirá realizando hasta el fin de los siglos”.

“Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por Padre[20]”.

“Tú, en cambio, querida Madre mía, tendrás por heredad y posesión solamente a los predestinados, simbolizados por Israel; como buena madre suya, tú los darás a luz, los alimentarás y harás crecer, y, como su soberana, los guiarás, gobernarás y defenderás”.

“Uno por uno, todos han nacido en ella[21], dice el Espíritu Santo. Según la explicación de algunos Padres, un primer hombre nacido de María es el Hombre -Dios, Jesucristo; el segundo es un hombre- hombre, hijo de Dios y de María por adopción”.

“Dios Espíritu Santo quiere formarse elegidos en Ella y por Ella, y le dice: En el pueblo glorioso echa raíces[22]. Echa, querida Esposa mía, las raíces de todas tus virtudes en mis elegidos, para que crezcan de virtud en virtud y de gracia en gracia. Me complací tanto en ti mientras vivías sobre la tierra practicando las más sublimes virtudes, que aun ahora deseo hallarte en la tierra sin que dejes de estar en el cielo. Reprodúcete para ello en mis elegidos. Tenga yo el placer de ver en ellos las raíces de tu fe invencible, de tu humildad profunda, de tu mortificación universal, de tu oración sublime, de tu caridad ardiente, de tu esperanza firme y de todas tus virtudes. Tú eres, como siempre, mi Esposa fiel, pura y fecunda. Tu fe me procure fieles; tu pureza me dé vírgenes; tu fecundidad, elegidos y templos”.

“María ha colaborado con el Espíritu Santo en la obra de los siglos, es decir, la encarnación del Verbo. En consecuencia, Ella realizará también los mayores portentos de los últimos tiempos: la formación y educación de los grandes santos, que vivirán hacia el final del mundo, están reservados a Ella, porque solo esta Virgen singular y milagrosa puede realizar, en unión del Espíritu Santo, las cosas excelentes y extraordinarias”.

“Si honrar a la Santísima Virgen es necesario a todos los hombres para alcanzar su salvación, lo es mucho más a los que son llamados a una perfección excepcional. Creo personalmente que nadie puede llegar a una íntima unión con nuestro Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo sin una unión muy estrecha con la Santísima Virgen y una verdadera dependencia de su socorro.

Solo María halló gracia delante de Dios[23] sin auxilio de ninguna criatura. Solo por Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han hallado, y solo por Ella la encontrarán cuantos la hallarán en el futuro.

Ya estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel Gabriel. Quedó sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su sombra inefable. Y siguió creciendo de día en día y de momento en momento en esta doble plenitud, de tal manera que llegó a un grado inmenso e incomprensible de gracia.

Por ello, el Altísimo la ha constituido tesorera única de sus riquezas y única dispensadora de sus gracias para que embellezca, levante y enriquezca a quien Ella quiera; haga transitar por la estrecha senda del cielo a quien Ella quiera; introduzca, a pesar de todos los obstáculos, por la angosta senda de la vida a quien Ella quiera, y dé el trono, el cetro y la corona regia a quien Ella quiera”.

 

“Porque el altísimo y su santísima Madre han de formar grandes santos que superarán en santidad a la mayoría de los otros santos, cuanto los cedros del Líbano exceden a los arbustos. Así fue revelado a un alma santa cuya vida escribió de Renty”.

 

“Estos grandes santos, llenos de gracia y celo apostólico, serán escogidos por Dios para oponerse a sus enemigos, que bramarán por todas partes. Tendrán una excepcional devoción a la Santísima Virgen, quien les esclarecerá con su luz, les alimentará con su leche, les guiará con su espíritu, les sostendrá con su brazo y les protegerá, de suerte que combatirán con una mano y construirán con la otra[24]. Con una mano combatirán, derribarán, aplastarán a los herejes con sus herejías, a los cismáticos con sus cismas, a los idólatras con sus idolatrías y a los pecadores con sus impiedades. Con la otra edificarán el templo del verdadero Salomón y la mística ciudad de Dios, es decir, la Santísima Virgen, llamada precisamente por los Padres templo de Salomón y ciudad de Dios. Con sus palabras y ejemplos atraerán a todos a la verdadera devoción a María. Esto les granjeará muchos enemigos, pero también muchas victorias y gloria para Dios sólo”.

 

“Pero en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo sea conocido, amado y servido"

 

“El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra criatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo”.

 

PERO ¿QUÉ SERÁN ESTOS SERVIDORES, ESCLAVOS E HIJOS DE MARÍA?

 

“Serán fuego encendido[25], ministros del Señor que prenderán por todas partes el fuego del amor divino.

Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus enemigos: como saetas en manos de un guerrero[26].

Serán hijos de Leví[27], bien purificados por el fuego de grandes tribulaciones y muy unidos a Dios[28]. Llevarán en el corazón el oro del amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la mortificación.

Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo[29] para los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos serán olor de muerte.

 

Serán nubes tronantes y volantes[30], en el espacio, al menor soplo del Espíritu Santo. Sin apegarse, ni asustarse, ni inquietarse por nada, derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán contra el pecado, lanzarán rayos contra el mundo, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con la espada de dos filos de la palabra de Dios traspasarán a todos aquellos a quienes sean enviados de parte del Altísimo.

 

Serán los apóstoles auténticos de los últimos tiempos[31]. A quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.

Dormirán sin oro ni plata y lo que más cuenta sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos[32]. Tendrán sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y solo dejarán en pos de sí, en los lugares en donde prediquen, el oro de la caridad, que es cumplimiento de toda ley[33].

 

Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme el Santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.

 

Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios; sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo.

 

Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto? ¡Solo Dios sabe! A nosotros toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia al Señor[34]”.

 

¡Ah! ¿Cuándo llegará  ese tiempo dichoso –dice un santo varón en nuestros días, ferviente enamorado de María-, cuándo llegará ese tiempo dichoso en que la excelsa María sea establecida como Señora y Soberana en los corazones, para someterlos plenamente al imperio de su excelso y único Jesús? ¿Cuándo respirarán las almas a María como los cuerpos respiran el aire? Cosas maravillosas sucederán entonces  en la tierra, donde el Espíritu Santo –al encontrar a su querida Esposa como reproducida en las almas- vendrá a ellas con la abundancia de sus dones y las llenará de ellos, especialmente el de Sabiduría, para realizar maravillas de gracia.

 

¿Cuándo llegará, hermano mío ese tiempo dichoso, ese siglo de María, en el que muchas almas escogidas y obtenidas del Altísimo por María, perdiéndose ellas mismas en el abismo de su interior, se transformen en copias vivientes de la Santísima Virgen para amar y glorificar a Jesucristo? Ese tiempo sólo llegará cuando se conozca y viva la devoción que yo enseño: ¡Señor, para que venga tu reino, venga el reino de María!”.


 

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9.    SAN JUAN DE EUDES

“EL MAGNIFICAT”

Párrafos escogidos:

 

“Oh cántico de amor, cántico virginal del corazón de la Madre del Amor, cántico que tienes tu primer origen en el Corazón mismo de Dios del Amor que es Jesús, y en el corazón del amor personal e increado que es el Espíritu Santo.

¡Con qué fervor debo entonarte!

¡Qué misterios inefables contienes!

¡Con qué respeto y veneración debes ser cantado!

¡Cómo han de ser puras y santas las lenguas y bocas que te pronuncian!

¡Qué fuego y qué llama de amor deben brillar en los corazones de quienes con frecuencia te recitan!

Hay que ser todo corazón y todo amor para cantar y pronunciar este cántico de amor”.

 

“Ella es mar pacífico porque es un abismo inmenso de toda clase de gracias, virtudes y perfecciones, pero siempre mar tranquilo y pacífico por el cual se llega al puerto de la salud eterna, sin turbación ni dificultad. Ella es carro de fuego abrazado de amor, de caridad, bondad, dulzura por sus verdaderos hijos. Es terrible con los demonios y dulce y benigna con los hombres. Quien quiera que honre, ame sirva e invoque a María con humildad y confianza, subirá al paraíso en un carro de fuego”.

 

“Ella es la administradora de la misericordia porque Dios la ha llenado totalmente de bondad, dulzura y de un poder sin igual para que asista, proteja, sostenga y consuele a los afligidos, a los miserables y a todos los que han implorado su socorro.

 

Hace tiempo, dice San Fulgencio, que cielo y tierra hubieran sido reducidos a la nada si las oraciones de María no los hubieran sostenido. Cada ciudad debiera decir:

 

¡Oh reino cuánto hace que hubieras dejado de existir por tus impiedades, injusticias y abominaciones, si las oraciones de María no te hubieran conservado; hace tiempo que el fuego del cielo te hubiera reducido a cenizas, si María no intercediera sin cesar por ti.

 

¡Oh ciudad cuántas flechas envenenadas lanzas contra el Dios del cielo por medio de tus innumerables crímenes! Hace tiempo que la tierra te hubiera tragado, si las grandes misericordias de María no te hubieran protegido.

 

¡Oh familia cuántas injusticias cometes! ¡Oh hombre, cuántas rapiñas, cuántos hurtos, traiciones, venganzas, murmuraciones! Hace tiempo que hubieras sido exterminado completamente, si las oraciones de María no se hubieran opuesto. Hombres y mujeres, cuántas veces han merecido por sus enormes pecados que el cielo lance sus rayos sobre sus cabezas pero las oraciones de María han sostenido sus vidas”.

 

“Nuestro adorable Salvador no solo se llama el Fiel y Veraz; la Santa Iglesia da también estas cualidades a su Divina Madre y llama a María Virgen fiel. Es uno de los títulos de honor dados en las letanías: Madre amable, Madre admirable, Virgen fiel; y esto tiene mucha fundamentación porque ella es fiel en sus palabras y promesas.

 

Todos debemos acercarnos a esta Madre fiel, pobres, jóvenes y viejos, santos y pecadores, sanos y enfermos, sabios e ignorantes, porque desea la salvación de todos.

 

Vayamos a ella que es la Madre de nuestro Creador y Redentor, a ella que es nuestra Reina y Soberana, a ella que es nuestra Madre, llena de amor por nosotros, La Madre del Bello Amor.

 

Vayamos a ella con confianza, porque Dios le ha dado todo el poder en el cielo y la tierra y tiene mucha ternura por nosotros más que la de los corazones de todas las madres juntas.

 

Vayamos a ella porque ella ha dado la vida a nuestra adorable cabeza. Jesucristo el Señor. Y ella puede comunicárnosla también a nosotros sus miembros. Acerquémonos a ella porque si nos ha dado un Salvador ella puede colaborar también en la obra de la salvación nuestra.

 

Vayamos a ella porque ella nos ayudará en todas nuestras necesidades; ella estará siempre cerca de nosotros para conducirnos en todo; ella nos consolará en nuestras aflicciones, nos protegerá en medio de todos los peligros de esta vida; nos defenderá de todos nuestros enemigos; iluminará nuestras tinieblas, nos sostendrá en las tentaciones, nos asistirá en la hora de nuestra muerte; nos recibirá en el momento de morir; y nos presentará a su Hijo; en fin nos alojará en su seno y en su corazón maternal; nos tendrá siempre presentes ante sus ojos; y nos hará ver que de veras tiene un corazón verdadero de Madre para nosotros.

 

Ella nos repite lo que sabe de memoria para que lo hagamos realidad. “Acérquense a mí los que desean” (Si 24, 19). “Hallarme a mí es hallar la vida” (Pro. 8, 35) “Y ahora hijitos míos escúchenme y sigan mi ejemplo y serán felices” (Pro. 8, 32). Porque “Feliz el que me escucha y que día tras día se mantiene vigilante” (Pro. 8, 34).

 

Por favor, pon los ojos en la manera como yo viví sobre la tierra y sobre las virtudes que Dios me ayudó a practicar. Bienaventurados los que caminan por el sendero de la fe, de la esperanza y de la caridad, de la humildad, de la obediencia, de la pureza, de la paciencia y de las demás virtudes de María sobre la tierra.

 

Abracemos entonces todas estas virtudes con todo nuestro corazón, sobre todo tengamos un gran amor por su Hijo Jesús, porque si lo amamos, y guardamos fielmente todos sus mandamientos, él nos amará: «Yo amo a los que me aman, y los que me buscan me encuentran» (Pro. 8, 17).

 

Sepamos que Jesús y María aman a los que los aman, amémoslos como a nuestro padre y a nuestra madre y ellos nos amarán tan tierna y ardientemente como sus hijos queridos. Pero si no los amamos verdaderamente y si no nos esforzamos en poner nuestro corazón en otras personas y cosas, se cumplirán para nosotros estas palabras: “El que me hace caso no fracasará, el que se conduce con sabiduría no pecará”. (Si 24, 22).

 

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10.  SAN ALFONSO MARÍA LIGORIO

“MEDITACIONES Y JACULATORIAS PARA CADA DÍA[35]

San Alfonso en su obra Visitas al Santísimo Sacramento, a María Santísima, incluyó al final de cada visita diaria al Santísimo, estas meditaciones y jaculatorias dirigidas a la Virgen María durante un mes:

 

A MARÍA SANTÍSIMA

 

1. “Otra fuente para nosotros muy preciosa es nuestra Madre María, tan rica de virtudes y gracias, dice San Bernardo, que no hay hombre en el mundo que no participe de su abundancia. A la verdad, si Dios llenó de gracia a María Santísima, como se lo reveló el Ángel diciéndole: Dios te salve, llena eres de gracia, no fue solo para ella, sino también para nosotros, a fin de que, según advierte San Pedro Crisólogo, de aquel tesoro de gracia hiciste partícipes a todos los devotos.

 

Jaculatoria: Causa de nuestra alegría rogad por nosotros.

 

2. Lleguémonos confiadamente al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia en tiempo oportuno. María es, en sentir de San Antonino ese trono, desde donde dispensa Dios todas las gracias. ¡Oh Reina amabilísima! puesto que tanto deseáis ayudar a los pecadores, ved aquí a un gran pecador que a vos recurre; ayúdame con todo vuestro poder y ayúdame pronto.

 

Jaculatoria: ¡Único refugio de los pecadores, apiadaos de mí!

 

3. “Sus lazos son ligaduras de salud”. Dísenos el devoto Pelbarto que la devoción a María es señal de predestinación. Supliquemos, pues, a Nuestra Señora que con amorosos lazos nos asegure siempre y cada vez más fuertemente en la confianza de su protección.

 

Jaculatoria: ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 

4. Yo soy la Madre del amor hermoso, dice María, es decir, del amor que hermosea las almas. Vio Santa María Magdalena de Pazzis, que iba María Santísima distribuyendo un licor dulcísimo, que no era sino el amor divino. Don es éste que solo María dispensa; pidámoslo, pues, a María.

 

Jaculatoria: ¡Madre mía, esperanza mía, hacedme todo de Jesús!

 

5. Señora mía, San Bernardo os llama “robadora de los corazones”. Dice que con vuestra belleza y vuestra bondad andáis robando los corazones. Robad también os lo ruego, este corazón mío y toda mi voluntad. Yo entera os la entrego, y, unida a la vuestra, ofrecedla a Dios.

 

Jaculatoria: ¡Madre amabilísima, rogad por mí!

 

6. “Como olivo hermoso en los campos..” Yo soy, dice María, el hermoso olivo que destila siempre aceite de misericordia, y estoy en campo abierto a fin de que todos me vean y puedan acudir a mí. “Recordad, piadosísima María, os diremos con San Bernardo, que jamás se ha oído decir que haya sido de Vos desamparado ninguno de cuantos se han acogido a vuestro socorro”. No sea yo, pues, el primer desventurado que, acudiendo a Vos, quede sin amparo.

 

Jaculatoria: ¡Oh María!, concédeme la gracia de recurrir siempre a Vos.

 

7. Señora mía amabilísima, la Iglesia toda os proclama y saluda: Esperanza nuestra. Ya pues que sois la esperanza de todos, sed también mi esperanza. San Bernardo os llamaba toda la razón de su esperanza, y añadía: En Ti espere el que desespera. Otro tanto quiero deciros yo: Madre mía, ya que aun a los desesperados salváis, en Vos pongo toda mi esperanza.

 

Jaculatoria: ¡Madre de Dios, rogad a Jesús por mí!

 

8. “Quien sea pequeñuelo venga a mí”. María llama a todos los pequeñuelos que no tienen madre, para que acudan a ella, como a la más amorosa de todas las madres. Dice el devoto Padre Nieremberg que el amor de todas las madres es sombra y nada comparado con el amor que María tiene a cada uno de nosotros. Madre de mi alma, que tanto me amáis y deseáis mi salvación más que nadie después de Dios, mostrad que sois madre.

 

Jaculatoria: ¡Haced, Madre mía, que siempre me acuerde de Vos!

 

9. Del todo semejante a Jesús es su Madre María, que, siendo Madre de misericordia, se complace en socorrer y consolar a los miserables. Y es tanto lo que desea esta Madre dispensar gracias a todos, que, según Bernardino de Busto, más desea ella darte bienes y concederte gracias, que tú deseas recibirlos.

 

Jaculatoria: ¡Dios te salve, esperanza nuestra!

 

10. Dísenos la Reina de los cielos: “En mi mano están las riquezas para enriquecer a los que me aman”. Amemos, pues, a María, si queremos ser ricos. El Idiota[36] la llama “tesorera de las gracias”. Bienaventurado el que con amor y confianza acude a María. Madre mía, esperanza mía, Vos podéis hacerme santo: de Vos espero esta gracia.

 

Jaculatoria: ¡Madre amable, rogad, por mí!

 

11. “Bienaventurado el que vela ante mis puertas todos los días, y aguarda a los umbrales de mi casa”. Dichoso el que, como los pobres que están a las puertas de los ricos, pide solícito limosna a las puertas de la misericordia de María, y más dichoso aún el que procura imitar las virtudes que ve en María y en especial su pureza y humildad.

 

Jaculatoria: ¡Socórreme, Esperanza mía!

 

12. “Los que se guían por mí no pecarán”. Él que trata de obsequiarme, dice María, alcanzará la perseverancia. “Los que me glorifican tendrán la vida eterna”, y los que trabajan en hacer que los demás me conozcan y amen, serán predestinados. Promete, pues, hablar siempre que puedas, pública o privadamente, de las glorias y de la devoción de María.

Jaculatoria: ¡Dignaos hacer que os alabe, Virgen Sagrada!

 

13. Nos exhorta San Bernardo a que